lunes, 16 de marzo de 2026

Fragmento de Laberintos, La caja.

Solo un nombre en la lista de los grandes que empieza a no sonar, si es que alguna vez lo hizo. Ahora apenas recuerdo lo que busco recordar en los titulares dentro de esta caja que no voy a abrir.
Hoy no.
Para qué, lo más triste del camino es recordarlo con la misma intensidad incierta que un sueño. Recuerdos y sueños, los dos creados de ese material turbio que confunde lo que no pasó con lo que ocurrió. Sueños de un sueño, da igual que sea real o no. 
Quizá solo eso importa; ni lo vivido ni lo soñado, sino lo que nos contamos que fue. Lo que pudo ser.
Quizá.



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lunes, 9 de marzo de 2026

Andar

Andamos solo una vez,
solos.
Nadie sabe hacia dónde.
Caminamos dejando huellas
que no sirven a otros.
Andamos sin regreso,
solos.
Elegimos ser o dejarnos llevar,
andar o parar,
seguir para no parar
porque, aunque paremos,la vida sigue
y no debería ir sola.

lunes, 2 de marzo de 2026

Nunca

 

Nunca nada es lo mismo.

No se puede volver atrás.
Todo es un caos
que solo se ordena al contárnoslo
convirtiendo la nada en todo.

 

 

lunes, 23 de febrero de 2026

Efímero eterno

 

El dolor de intuir que la felicidad

solo existe ahora, de presentir su búsqueda
aún no iniciada para recuperarla,
la condena a un recuerdo todavía no evocado
de lo que fue.
De lo que ya no es. 
El momento pasó: la eternidad de lo efímero.

 

lunes, 16 de febrero de 2026

Vivir

 

Vivir sin tiempo

en un tiempo infinito.
Detenerlo acelerándolo
en un instante eterno
vivido
para derrotar al tiempo.

 

 

lunes, 9 de febrero de 2026

Haz

 

Haz,

continúa haciendo
sumérgete en ese continuo barullo
del ruido vital.
O detente, escucha la vida.
Vívela.
Haz sin hacer, 
vive viviendo la vida viva.



 

lunes, 2 de febrero de 2026

Fragmento de Somos invisibles. Laberintos.

 

    Los que limpiamos somos el último frente, los testigos que recogen lo que nadie ve ni quiere ver: los restos de lo ocurrido.
    Somos invisibles. No intervenimos, observamos sin ser vistos.
    He limpiado en despachos donde se dictan órdenes cruciales, de las que solo quedan como testigos, papeles rotos, vasos vacíos, ceniceros llenos. Y un sudor denso, hecho de frustración, gritos, derrotas y concesiones, que lo cubre todo.
    He barrido en salas de juzgados el eco de las palabras que manchan cada esquina de mentiras y verdades. Las que retumban ennegreciendo las paredes con su tensión. Barrí lágrimas secas entre los resquicios. Limpié ese vaho viscoso de olor intenso que dejan las almas de las víctimas, imposible de quitar del todo.
    Ahora lo reconozco en ciertas zonas del hospital; quirófanos y salas de urgencias, donde nunca termina de irse la huella del dolor, la impotencia, el desconcierto al cruzar de la vida a la muerte.
    Ese espacio blanco antes de la lucha contra la muerte se convierte en zona de guerra: la sangre, los trapos empapados de los fluidos que nos mantienen vivos muestran con obscenidad lo vulnerables que somos. El instrumental, las mascarillas, guantes, batas, todo manchado de lo que llevamos dentro.
    Vemos de lo que estamos hechos, la fragilidad del cuerpo, el dolor, su olor, el miedo, la vida desparramada sin miramientos.


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