viernes, 8 de enero de 2010

Deseos

Hoy me han regalado una cajita cilíndrica preciosa, con su cadena para colgarla al cuello. La he abierto; nada. “¿Sabes qué has de guardar en ella?”. No, no lo sabía. Intenté adivinarlo. Imposible, aunque hubiera dicho más disparates de los que dije. Mi amiga, con esa sonrisa tan suya que ilumina todo, me contestó encantada del efecto que me haría. “Es para contener deseos”. “¿Cómo se pueden guardar aquí?”. Miré el cilindro labrado de plata al modo oriental, y luego a ella. Nueva sonrisa, nuevas palabras; “Escribiéndolos”. Como siempre, lo más sencillo es la solución. Cogimos un papel y cortándolo en trozos muy chicos, para que nos quepan muchos, nos dedicamos a pensar bien qué desear.

Ella también tenía su cofrecito cilíndrico y con el bolígrafo en la mano, nos dimos cuenta de que no es tan fácil concretar deseos. Me imaginaba estar ante el Muro de las Lamentaciones, con mi petición escrita, buscando hueco entre las fisuras de las piedras. O ante un pergamino oriental dibujando, más que escribiendo, en esa caligrafía suya tan mística, mi oración para los dioses, y se me hacía más sencillo que anotar lo que sé que quiero. Pero claro, ahora tenía la responsabilidad de dejarlos grabados en esos papeles para meterlos dentro de la urnita de plata, y no podía dejar fallos por si la magia funcionaba y se concedían. El cuento de los tres deseos no dejaba de reírse de mí durante todo el rato. Hay que desear con cuidado, por si se cumplen.

Le pregunté cuántos podía meter, y vimos que los papeles-deseo bien apretados, caben muchos. Aún así, para empezar, nos decidimos por dos. Y ahí están; redactados impecablemente para que no se nos pongan en nuestra contra y no se pueden burlar de nosotras los genios. Ahora, a esperar.

Sí, lo sé. Pero… ¿qué más da? Por lo pronto, parte de uno, ya se me ha cumplido, simplemente, con que ella me lo haya regalado.

Sí, también lo sé. Y es que en realidad la vida no es más que un círculo cerrado que a veces creemos abierto.

jueves, 7 de enero de 2010

¿Dios juega o no a los dados?

La camisa del hombre feliz.
Jugada maestra del destino. Como nos gusta que las cosas no sean lo que parecen, esa vuelta de tuerca: el drama de Edipo; las brujas que mienten con la verdad de McBeth; el asesino que es el protagonista; los muertos que viven...

La imaginación se vuelca para desmantelar la lógica de la realidad, esa realidad a la que no podríamos admirar, si no se dejara apresar. Intentamos darle sentido, buscarle relaciones, encontrar cabos sueltos para atarlos. La necesidad de creer que la entendemos, que no nos domina, que pisamos firmes.
Pero no tenemos ni idea.

Qué grande poder jugar con ella, retorcerla, domesticarla y hasta burlarla.
Las paradojas, los círculos cerrados del destino escrito, los enigmas que adornamos con soluciones plausibles porque no soportamos la certeza de no saber. La imposibilidad de ver un final. Necesitamos que nos mientan con la verdad.
Y además, al quedar como leyendas, es hasta hermoso, si no nos paramos a pensar qué las causó: ese miedo al vacío de un azar que podría ser el que nos gobernara.

martes, 5 de enero de 2010

Malos recuerdos

Cuando los recuerdos son dolorosos fantasmas de lo que dejamos de tener y no imágenes brillantes de lo que tuvimos, nos invaden el presente tanto, que nos hacen prisioneros de sus sombras y nos impiden olvidarlos.
Son fotografías crueles que a cada paso se disfrazan de lo que tenemos delante, haciéndonos creer que siguen aquí, nos sobresaltan solapándose con la realidad, engañando a nuestros sentidos para que todavía nos cueste más alejarnos de ellos, nos hacen revivir, casi vivir, las mismas sensaciones imposibles de las que están hechos. Nos retrotraen continuamente a ese fondo del tiempo del que viven, es como si para vivir ellos, nos necesitaran completamente atrapados en el momento que se crearon. Telarañas engañosas tejidas de nuestras propias emociones.

Menos mal que también existen esas otras reminiscencias hechas de luz que nos recuerdan que sabemos salir de esas trampas perversas de lo que fue y ya no es. Menos mal.


lunes, 4 de enero de 2010

Distorsión

El Bien y el Mal.
No existen de forma absoluta, es cierto, pero a veces, los actos de seres excepcionales sí apuntan a un extremo o a otro, aunque como en todos, se den mezclados.
Puede que no exista esa diferencia tan clara como en los términos que las definen, que tan sólo sean, como tantos otros, constructos humanos para definir comportamientos, para entender y clasificar el universo en el que nos movemos. Pero lo que sí es verdad es que hay actos terribles, decisiones vitales completamente destructivas con la vida, con lo que se supone que más tendríamos que salvaguardar.
Qué lleva a un ser humano a despreciar otras vidas, es algo oscuro, por mucho que se hayan tipificado perfiles psicológicos de asesinos en serie, escrito estudios de atrocidades, investigaciones sociológicas sobre pogromos, libros o ensayos de todo tipo, aún no se sabe cómo un ser humano deja de serlo.

Hay un punto de inflexión en sus mentes en el que todo se trastoca, la visión del mundo se distorsiona y se asume lo terrible como normal. Eso es innegable. Sus experiencias las miran como en un espejo resquebrajado, el reflejo es una pesadilla. Sus actos, en consecuencia, también.

Vivir es decidir qué se hace con la vida. Y la libertad de elegir es la misma para todos: para los que salvan vidas y para los que las destruyen. Puede que se necesiten las dos caras de esa elección. Puede que sí.

domingo, 3 de enero de 2010

Revisiones

Las verdades y mentiras implantadas. No hay nadie que se libre de esa morralla. Como el tiempo no nos da para cotejarlo todo, tendemos a fiarnos de la información que nos da la gente que apreciamos o consideramos. Y ahí vamos asumiendo ideas que nos moldean, pero que no hemos hecho el esfuerzo de comprobar. Es un acto de fe.

La adolescencia socava las ideas paternas, pero en su lugar, vienen las de los amigos que nos deslumbran. Unas por otras. Es un cambio, no una purificación.
Es más adelante cuando nos enfrentamos a la realidad de esas premisas erróneas cuando sospechamos que si una no es verdad, las otras tampoco tienen la garantía de serlo. Investigamos entonces todos los axiomas que nos han acompañado hasta ese punto, y el caos que se crea, nos agota. Pero de ahí surgen nuestros propios enfoques, no los que adoptamos, sino los que nos son afines a nosotros y a nuestra experiencia.
Esos pilares los iremos renovando o afianzando, según, y serán los que trasmitamos a los demás como verdades. A ellos les tocará tener que revisarlos al crecer.
Hay gente que nunca lo hace, quedándose con las pautas de los otros, sin hacer el esfuerzo de comprobar si encajan en sus vidas. La valentía de sumergirse en el vacío no la tienen todos, es más cómodo seguir a los de delante, pero así no sabrás nunca si era ahí donde querías ir.
La imitación y la mimética contra la dificultad dolorosa de replanteárselo todo, con la dificultad añadida de asegurarse que no se cambian unas ideas prestadas por otras igualmente ajenas, sino la de ir al fondo mismo de uno a por las suyas. Aunque sólo se encuentre una. De ella surgirá el resto.

sábado, 2 de enero de 2010

Miles

No hay nada más apasionante que la vida misma, las infinitas posibilidades que tiene y las historias que crea en cada uno a partir de obstáculos y superaciones. Uno no es más el resultado de las elecciones propias ante lo que la vida le pone delante. Como un juego. Y que no lo sea.
De ahí surgen las diferentes combinaciones vitales. A veces, las cartas con las que se comienza son malas, incluso pésimas, pero el juego no está perdido, ni mucho menos. El ingenio y la capacidad de superación entran en acción. Una buena baza.

Me encanta escuchar el resultado de esas decisiones. Las vidas contadas siempre tienen una luz que las cierra, resaltándolas, cualquier historia es asombrosa una vez vista en su totalidad; ninguna parece anodina. Ninguna.

Mientras las estamos viviendo es más difícil verlas, falta la perspectiva de la objetividad, de lo cerrado, pero ya terminada, cualquiera es digna de libro. Los detalles nimios pasan a convertirse en momentos claves, los errores, en grandes cambios. Todo encaja.
Nos gustan porque reconocemos esas mismas intersecciones que tenemos delante, angustiándonos y alegrándonos con las decisiones que tomaron otros. Ellas son nosotros, son todas y cada una de las vidas, que por obvias razones de límites temporales, no podemos ser.

Sólo tenemos una vida, pero vivirla también implica el descubrimiento de las infinitas posibilidades que habríamos podido experimentar, vivir. Pero el tiempo no nos da más que para escucharlas, leerlas, contarlas…, y se nos queda corto.

viernes, 1 de enero de 2010

Esquemas

Hay hechos o realidades, que cuando te las cuentan por primera vez, impresionan. Cada uno tendrá la suyas propias. A mí me resultó chocante que hubieran ciudades con nombre de animales, era muy chica y no entendía que León pudiera ser mamífero y ciudad a la vez. Empezaba a romper esquemas, con lo que cuesta crearlos...
También me impactó saber que a un cadáver le sigue creciendo el pelo y las uñas bastante tiempo después de dejar de estar vivo. La sensación fue entre asco, escalofrío, risa y terror. Imaginar un muerto en su tumba al que le crecían uñas y cabello era algo paradójico y perverso.

Cada uno tenemos nuestro indiosincrático repertorio de sucesos que rompen la lógica de las cosas, una trasgresión que va dejando de ser ingenua a la vez que nuestra mente crece y aprehende que suelen haber más excepciones que normas.