miércoles, 9 de febrero de 2011

3 Parte: DIECIOCHO SEGUNDOS

Diosteguardemaríallenaeresdegraciaelseñorescontigo…, Dios mío, no puedo engañarme, no me estoy enterando de lo que digo, son meras palabras vacías, hueras, sin eco, no me reconfortan ni vibran. Por favor, no me abandones ahora.
Sí, ya lo sé pero, Señor, yo no me lo busqué; el mundo se ha vuelto loco, Señor, tuve que hacerlo… benditatúeresentretodaslasmujeres…, lo siento, nunca fui uno de los mejores, mis obligaciones las hacía por cumplir; la ilusión, el ímpetu de los comienzos se me fue arrinconando en las costumbres, bajo la rutina. Me acostumbré al dolor que llamaba a mi puerta, lo consolaba con palabras dichas tantas veces que se desgastaron, olvidando su significado. Y ahora no las encuentro, no vienen a mis labios como salvación sino como derrota: la mía, me perdí por el camino que me había trazado, no he sido quién soñé ser, no he ayudado ni he hecho grandes cosas. Señor, qué ha quedado de mí, dónde estoy, por qué he de terminar así, sudando, al lado de los que no supe querer, a manos de quienes, con una docilidad suicida, no me enfrenté. No me abandones como yo hice, por favor.
Ybenditoelfrutodetuvientrejesus.

martes, 8 de febrero de 2011

2 parte, DIECIOCHO SEGUNDOS

Hace frío. Tengo las manos entumecidas. Me equivoqué; no ver es todavía peor: ya es tarde. La pared está húmeda, esta noche ha helado, normal que el calor del sol acumulado durante el día no haya podido esperarme; él que sabía. Tengo hambre y casi me da vergüenza confesármelo, no es lo más oportuno, si profundizase en el tema no sé si me daría por reír o llorar. Da igual, lo voy a dejar, ría o llore no he de comer. Si pudiera ver el cielo. Cómo me arrepiento de haber dicho que sí, ahora podría fijarme en las nubes, aunque quizás hoy no haya, a lo mejor tengo ante mí un firmamento liso; lo que me desesperaría no ver ni una, no poder buscar en ellas las figuras que esbozan, que sugieren. Cuántas horas pasé de crió tumbado sobre la espalda, oliendo a tierra, jugando con las briznas de hierba al alcance de la mano mientras ante mi se paseaban todas las cosas que deseaba de niño y no tuve: un barco, bicicletas, ese mecano…, o aquellos que acaparaban mi interés en esos momentos compartiendo mis días: un dragón al que vencer; un pirata sanguinario; mi madre, tan inestable, a veces adorada otras odiada; la vecina eternamente desaliñada y ronca del tercero de la que huía por miedo…. Puede que me desesperase más tener ante mí un cielo vacío de imágenes, de ilusiones, de futuro; ahora sé que no hay camino alguno que conduzca hasta él: Sólo existe lo que se puede tocar, oler, ver. No tuve lo que quise de chico, me aferré a lo que conseguiría para seguir adelante sin odios ni envidias al comprobar que otros sí lo tenían: aprendí a ser yo el que iba en esa bicicleta que montaba otro, a mancharme la boca con los bombones que los demás compraban en esa tienda elegante de la esquina y de la que cada vez que se abría su puerta se podía, mientras duraba el tintineo suave y alegre de las campanillas doradas, oler un aroma de azúcar, nata, y bollos recién horneados que casi dolía, y ese fue el olor al que asocié el futuro toda mi infancia; su apariencia la vinieron a poner las piezas de los mecanos tan brillantes y precisas que pueden ensamblar todo aquello que tu habilidad y paciencia den de sí; yo me forzaba a igualarlo con piedrecitas cuidadosamente escogidas, maderas y cortezas, palos y barro a los que toscamente montaba para que saliesen de mis manos el coche o el avión vistos en el escaparate de mi presente deforme que olía a sopa.
Tenía que haber dicho que no: al menos ahora vería. Siempre eligiendo mal el camino que me condujese a ese aroma de pan recién hecho.
Qué oscuridad, qué frío hace. Cuándo acabará todo.


lunes, 7 de febrero de 2011

Relato por entregas; 1 parte, DIECIOCHO SEGUNDOS

-¡Pre…parados!


Todo se ha precipitado derrumbándose. Yo no debería estar aquí, ni Miguel ni este otro que huele tanto a sudor, ni el del pelo rojo que apenas si es un crío. Nadie. Cómo ha podido sucedernos esto. Qué hago que no estoy en casa, con Laura, con el niño que no nos deja dormir, al que exijo un silencio imposible; hay que ser necio y estar ciego para gritarle a la felicidad, para no verla. Y ella qué hará, cómo se las va a arreglar, ahora que de verdad queda sola, sin visitas furtivas ni dinero, sin las cartas repletas de palabras apresuradas que dejaba cuando podía donde convinimos mientras me miraba rota tras haber perdido la batalla: reconoció en mis ojos esa obstinación sorda que me impide oír nada que esté más allá de mi propia determinación, sin resquicios por donde recuperarme de nuevo, todo su cuerpo se rindió, cayó desmadejado en la silla, apagó su voz y aceptó la derrota. Partí esa misma noche, dejándola al cuidado de ese hijo aún tan tierno que lucha por su derecho a la vida, absorbiendo la de ella, ajeno a la realidad que pasa rozándole la cuna y de la que no me debería haber alejado. Quién me mandaría meterme donde nadie me llamaba. Ayer, hace una eternidad, no veía otra posibilidad; había que hacer algo más que observar en silencio las oportunidades de sobrevivir. Ella se enfadaba tanto, eran imposibles las palabras, pensaba que sólo veía lo que tenía ante ella, un reducido mundo doméstico, un conformismo mezquino, un egoísmo estrecho. Todo eran gritos al final. No la entendí, no supe ver mas que cobardía en esa actitud suya que ahora le reconozco tan extrañamente valiente, su lucha es igual de enérgica que la mía, quizás más efectiva por lo prudente, por intuir que más allá de uno mismo, no hay nada.
Me fui a defender lo que ella ahora guarda. El monte, los compañeros, las emboscadas. Qué bien me sentía creyendo arreglar el mundo, no me arrepentí nunca. Y si me soy sincero, no lo hago ahora; sólo lamento que no pudiera cambiarlo, ni siquiera moverlo.

domingo, 6 de febrero de 2011

Poema, Descanso


Los párpados apagan la realidad,
permitiendo que los ojos miren hacia adentro
a quién uno imagina ser,
a quien se quiere ser.

La mente descansa de las urgencias,
se evade sin que la realidad lo impida,
allá adónde no haya trabas,
ni idas sin venidas.

El cuerpo ya no es carga, descansa.
No exige.
Las ilusiones prevalecen,
el ansia de hacerlas realidad,
se agota ante la urgencia, imposible, de realizarlas ya.

Los proyectos van engrandeciéndose,
aplastando con sus irrealidades,
el descanso que se intentó dar al cuerpo,
tras haberle dejado los ojos cerrados.

viernes, 4 de febrero de 2011

Volar

Hoy comienza el Nuevo Año chino, el año del conejo.
Si miramos el calendario musulmán, veremos con asombro que están en el siglo XV, igual que nos miran ellos a nosotros con nuestro siglo XXI, supongo.
Con estos dos mínimos ejemplos quiero comentar que el tiempo no existe, que se le puede engañar, que es un constructo humano, que somos nosotros quienes nos atrapamos en él, no él quien nos atrapa a nosotros.
Cuando de chica alcancé a comprender que el tiempo horario es diferente a la misma hora en todo el mundo, y que cuando yo me levantaba otros se estaban acostando, llegué a planear la vida infinita: pensé que si me metía en un avión y que cuando fueran las cinco en un sitio, me iba volando a otro donde fueran las cinco, para evitar que llegaran las seis, y así siempre, nunca dejaría que se pusiera el sol, que acabara el día. Infinito.
Y me convencí que era algo fácil, que incluso lo hacía mucha gente, que había aviones llenos de personas que vivían eternamente porque nunca terminaban el día, hasta que, primero, lo vi muy aburrido y limitado, y segundo, comprendí que aunque el día durase eternamente, el tiempo seguiría transcurriendo, porque El Tiempo no tiene nada que ver con el calendario ni con el reloj que torpemente lo mide a nuestros ojos imperfectos.
Así que me quedé en tierra, aunque volar sea una de las cosas que más me gusta.

jueves, 3 de febrero de 2011

Metaconciencia

La explicación de lo inexplicable es algo que necesitamos desde que fuimos conscientes de que vivíamos, por lo tanto supimos con un escalofíro, que también íbamos a morir.
Los primeros asentamientos humanos se realizaron porque no quisieron separarse de sus muertos, así que más bien, fueron unas casas alrededor de un primer cementerio.
Desde que se tuvo la consciencia de la muerte, el mundo dejó de ser solo hermoso, para convertirse en inquietante; empezaron a temerlo, a la vez que a venerarlo. Tuvieron que buscar un porqué para todo: el dios luna, la hermana agua, el espíritu viento... Cientos de mitologías surgieron, hermosas, ingenuas, terribles, sanguinarias, politeístas, monoteístas, represoras, cósmicas, animistas..., todas y cada una dichas en alto para exorcitar el primer gran descubrimiento del hombre como hombre: moriremos.
Y nunca quisimos que fuera en vano.


martes, 1 de febrero de 2011

Duelos

Antes se arreglaban las diferencias con duelos, cambiaba las formas, las armas, pero no el sentido y el fondo; desde las embestidas de dos caballeros armados, uno contra el otro; las espadas reflejando la luna en callejuelas oscuras; pistolas al amanecer ante cincuenta pasos entre la vida y la muerte; navajas, puños, emboscadas, pies envueltos en cemento en aguas portuarias...
Los duelos, las venganzas, los ajustes de cuentas, la justicia por la mano de uno, es algo que nos ha acompañado a lo largo de la evolución social, al entramado de cada una de las sociedades, son casi símbolos de épocas determinadas; todos vemos el salvaje oeste ante la imagen de una soga con un hombre colgando en ella en un árbol solitario; metralletas de rueda las asociamos con gánsters, la ley seca, Chicago; espadas entrechocando, con capas, honor, la de los mosqueteros...
La conclusión lógica de esto es que los asesinatos también han hecho historia; la historia del Hombre.