miércoles, 11 de mayo de 2011

Felicidad

Para ser feliz también hay que hacer un esfuerzo, es algo que mucha gente no entiende.
Se queda esperando a quién sabe qué, y suspira porque nada llama a su puerta. Es una actitud muy generalizada. Lo sé, la veo con frecuencia.
Dejar la tristeza requiere de la voluntad, dejar de ser arrastrado por la corriente de los pensamientos negativos, de la desesperanza, necesita de una firmeza mayor de la que se cree.
No solo los remolinos del agua arrollan sin contemplaciones; las fuerzas grises del ánimo doblegan voluntades, rompen risas, destrozan vidas... hay que estar muy atento para agarrarse a cualquier tronco salvador y esperar a recuperar fuerzas para salir de las corrientes.
La mente tiende a continuar el camino que aprendió, simple ahorro de energía, somos nosotros quienes hemos de dominarla y llevar sus riendas. Si hay que reír, aun sin ganas al principio, hay que hacerlo. Si hay que salir del agujero en el que se está, se sale, porque si no, se tiene el peligro real de acomodarse en la melancolía, sentarse en la pasividad y dejar pasar el tiempo con la excusa de que no somos felices.
La felicidad se busca, no se encuentra -no solo-.

martes, 10 de mayo de 2011

Imaginación

Existen objetos cotidianos susceptibles de convertirse, a nuestros ojos, en mágicos; cada uno tendrá los suyos, como los sueños, pero seguro que muchos coincidirán en que, por ejemplo, un espejo es uno de ellos, otros bien pueden ser cuentas de cristal, trocitos de mercurio -a pesar de lo venenoso, o tal vez por ello-, piedras con formas extrañas o muy pulidas, una lupa, imanes, alfileres con la cabeza bien gorda y de colores, tizas, gelatina... cientos, si empezamos a enumerar.
Qué maravilloso entrar en el mundo de lo fantástico de la mano de un trocito de azogue que refleja el contrario de lo real, o ese metal tan suyo que se une y desune a nuestro placer, o ver bailar la gelatina brillante antes de comerla, como si fuera la ventana de la casita de chocolate de Hansel y Gretel. Con las tizas se pueden trazar contornos sin el límite del papel porque su soporte puede ser el asfalto, las paredes, el mundo entero...
Una de las maravillas de lo anodino es que depende de pocos factores para que deje de ser banal y brille; de niños todos hemos tenido nuestros tesoros encantados y preciosos, esos que los adultos miraban con desprecio. No es bueno ser adulto si no se sabe cruzar un espejo.

domingo, 8 de mayo de 2011

Contar

Una tarde de teatro junto a una buena amiga, actriz y cantante. Un buen té, una buena conversación y sumergirte en el mundo, siempre irrealmente real, de los escenarios.
Una buena historia se puede contar de muchos modos; en cine, en teatro, narrada, escrita... y todas ellas tienen su propia magia.
Es estupendo poder bajarte de la realidad un ratito y verla desde una butaca o sofá, si la lees, y aprender de lo que te rodea.
Como escritora, creo que se asimila mejor la vida si podemos distanciarnos de ella, y verla como espectadores, para luego transformarla de nuevo en algo más vivo y vital.
Todos creamos la realidad desde nuestro punto de vista, contamos con nuestra visión, idiosincrasia, imaginación y creatividad lo que vemos, lo que querríamos ver, lo que unos ojos vieron y nos contaron. Creo de verdad, que al poner en palabras o imágenes lo cotidiano, lo comprendemos, lo aceptamos y lo vivimos.

viernes, 6 de mayo de 2011

Lluvia

Andar bajo la lluvia no es algo que me desagrade.
Es más, creo que me gusta. Prefiero que no diluvie, pero si lo hace, una vez estoy completamente chopada, me da igual; noto como el agua cae por mi pelo, moja mi rostro, empapa la ropa, los pies ya no va con cuidado para no pisar charcos, andas con los zapatos llenos de gotas.
En Londres, como no, me sucedió varias veces, y la última vez que caminé sobre agua fue en Roma, estas fiestas, tan lejanas ya, una vez acabadas.
Ver las ciudades a través de ese velo turbio, y a la vez nítido, de una cortina de agua, tiene su encanto; buscar alerones para evitarla, sentir las gentes corriendo a tu lado, cada una cubriéndose como puede, el tráfico intenso que se crea siempre, el cielo plomizo, ese fresco, si es verano, que alivia el asfalto y limpia los edificios que has ido a contemplar, las calles que has ido a pasear, ese olor a ozono, a hierba que crece, a tierra ávida de humedad, algo que parece que en una ciudad no habría de darse, que no es como en el campo, pero que se da; la naturaleza crece por entre cualquier resquicio, cualquier grieta, cualquier roto en el hormigón, en los ladrillos, en las calles.
Un buen día de lluvia muestra a la ciudad como es, con sus fallos urbanísticos, su cara más oculta, sus habitantes más de ir por casa. Es como acompañar al anfitrión en el desayuno, aún sin vestirse ni arreglarse, con la cara de sueño y esa intimidad que une, al tomar el primer café de la mañana, apenas hablando, mirando a nada, haciendo planes para el día.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Relato, Venganza

Era un juego.
Yo hacía como si estuviera siempre de acuerdo y ellos me aceptaban. Era fácil, se les veía venir de lejos. No me costaba ningún esfuerzo jugarlo. Sabía muy bien quién era. Quienes eran; pobres entes desnortadas, que en grupo, se sentían seguros de cualquier intromisión exterior.
Al principio era hasta divertido, dejarme de lado para mimetizarme entre ellos, ese grupo blindado al que solo se podía pertenecer si estabas siempre de su parte. Me intrigó mucho; acceder fue complicado, te miraban con suspicacia, te planteaban preguntas, todas ellas trampas, te inducían a mostrarte como eras, pero yo las pasé perfectamente. Y ese reto es el que me enganchó completamente: el hacerles ver que me lo creía, que estaba a su altura. Siempre con mis pensamientos a la cabeza y lo que había de decir, al alcance de la mano.
Me aceptaron, una última demostración les convenció: renegué de mí mismo, de lo que me gustaba, de lo que sí creía, y sin problemas. Qué fácil. Las palabras carecen de contenido real, se puede mentir sin que estallen o se vuelvan contra uno mismo, acusándote de traición; son meros sonidos fónicos que liberas cuando y como quieres.
Pero estaba equivocado.
Esas palabras soltadas con alevosía y premeditación, solo para engañar, sin más necesidad de mentir que la misma mentira, se volvieron contra mí.
Ya en el grupo tuve que seguir ocultándome, camuflándome entre falsedades; me hice vulnerable porque los que estaban más allá de ese clan no supieron entender que mis afirmaciones eran juegos; me dieron la espalda. Sin darme cuenta, empecé a depender de ese montón de personas enajenadas, obstinadas contra toda lógica y razón. Mis pensamientos comenzaron a enturbiarse; ya no estaba tan seguro de si lo que decía era mío o solo para ellos. Mi mente fue perdiendo fuerza.
Les llegué a necesitar de verdad, lo que les decía ya era lo que pensaba. No era ningún juego. Si no estaba con ellos, ya ni siquiera estaba, ni era, ni quería ser. Abatido, escuché el eco de mis primeras mentiras. No dejaron de retumbar contra mi conciencia, ahora ya vacía de mí mismo. Ahora ya vencido por ellas, por las palabras: Sí están vivas. Y sí saben vengarse.

martes, 3 de mayo de 2011

No se puede

No creo que se deba celebrar el asesinato de nadie, bajo ninguna circunstancia, y menos que el mundo lo jalee.
Ni un terrorista, ni un asesino, ni un dictador, nadie merece que se baile sobre su tumba. Nada más hacerlo, se pierde toda la razón, lo blanco se convierte en negro y el negro se confunde con el blanco.
Cierto que la historia de la humanidad está escrita con sangre, traición y secretos. Pero eso sigue sin justificar que, una vez más, el hombre sea un lobo para el hombre.
No podemos, de nuevo, jugar con los acontecimientos, creernos en una película, de guión malo y maniqueo, y cerrar los ojos cuando quieren para no ver qué hay detrás de todo.
El Ser Humano no evoluciona. Es un hecho. Quizá eso sea ser humano.

domingo, 1 de mayo de 2011

Nada

Un día se acabará todo.
No lo pensamos, lo sabemos.
Mientras vivimos, nos encontramos con pequeños ensayos de la muerte; gente que se nos va, amigos que perdemos, relaciones que se extinguen, trabajos que terminan, libros que se cierran, ideas que no logran materializarse, sueños que al despertar se rompen. Cientos de ejemplos que nos presentan, cada uno a su modo, lo que será aquello que no sabemos cómo será.
Desde el principio se ve el final, y ese final, nos pone en perspectiva, nos ayuda a querer empezar.
Lo más difícil es que tendemos a querer repetir las situaciones en las que hemos sido felices, y cuando acaban, echamos de menos revivirlas y a veces, no buscamos lo nuevo sino lo que se parezca a lo perdido.
Puede que la muerte sea eso, una búsqueda de la vida. O puede que sea la clave para entender el porqué de haber respirado. O simplemente sea la nada.