domingo, 10 de julio de 2011

Pactos con el tiempo

No se puede estar en más de un sitio a la vez, es algo que siempre me ha exasperado, que nos limita.
Si estás paseando por una avenida, tranquila, con unos buenos amigos, oliendo los pinos y la tierra mojada, no se puede ir camino de la capital mirando el paisaje borroso debido a la velocidad ni mirar desde el cielo esa ciudad elegida, que en pocos minutos, se agrandará para que en vez de contemplarla como una maqueta, puedas recorrerla y admirarla de cerca.
Y si estás tomando un café con una gran amiga, es imposible estar al lado de quien la llama para indagar sobre la tardanza y hablar también con él.
No estar presente en un concierto al que tenías muchas ganas de asistir porque es incompatible con escuchar el canto de los grillos mirando las estrellas, y esa media luna perfecta, a cientos de kilómetros del asiento en primera fila que deseabas ocupar.
La noche es solo una, las opciones innumerables, las posiblidades limitadas, los deseos infinitos; la vida es una tirana, que no nos permite vivir un mismo momento varias veces. La elección es un pacto sellado con ella.

viernes, 8 de julio de 2011

Creaciones

Cuando se imaginan situaciones, para que queden verosímiles, hay que llevarlas a sus extremos y aproximarlas a una realidad factible. Cuando algo rasca, entonces, se desechan. Es básico.
Pues parece que no tanto; hay películas, series, libros, donde ninguno de los personajes se comporta como toca, en los que las situaciones, en vez de ser coherentes con ellas mismas y el contexto, incluido el azar, se manejan como interesa al creador para colocar lo que él quiere, el deus ex machina aparece con excesiva frecuencia, se anticipa desde lejos la manipulación, se pierde interés en una trama irreal que busca un efectismo cada vez más básico...
La imaginación, si pudiera quejarse, lo haría. Ya no está para la creación, sino para las ventas, eso no puede ser bueno. Si perdemos la capacidad de imaginar lo perdemos todo.

miércoles, 6 de julio de 2011

Poema, Descanso


Los párpados apagan la realidad,
permitiendo que los ojos miren hacia adentro
a quién uno imagina ser,
quiere ser.

La mente descansa de las urgencias,
se evade sin que la realidad lo impida,
va donde no hay trabas,
fluye con las ideas.


El cuerpo ya no es carga, descansa.
No exige.
Las ilusiones prevalecen.
El ansia de hacerlas realidad
se agota en la urgencia, imposible, de realizarlas ya.

Los proyectos van engrandeciéndose,
aplastando con sus irrealidades
al descanso que se intentó dar al cuerpo,
tras los párpados cerrados.

martes, 5 de julio de 2011

Reseña, de Vida y Destino... para Bea

Vasil Grossman, autor de Vida Y Destino, entre otros, fue corresponsal de guerra, cronista de la batalla de Stalingrado, y uno de los principales difusores del horror del Holocausto, sus escritos fueron prueba en los juicios de Nuremberg.
Toda su vida fue un intento de sacar a relucir la verdad de las atrocidades, no sólo de los nazis sino del Stalinismo, sobre todo, cuando tomó consciencia de lo que realmente era.
Por eso mismo, sus escritos fueron censurados y hasta retirados, no disfrutó nunca del reconocimiento que merecía por querer ir más allá de la complicidad y comodidad general de callar y halagar al régimen, de hecho fue un escritor casi proscrito.
Vida y Destino es una segunda parte de Todo fluye, sólo que no lo acaba de ser y de hecho se pueden leer la una sin la otra. Vida y Destino es abiertamente anti stalinista, tanto, que su autor murió en 1964 creyendo que nunca vería la luz, ya que cuando presentó el manuscrito para que se lo publicaran en la revista Znamya, la KGB irrumpió en su piso, confiscándole manuscritos, copias en papel carbón, notas, copias mecanografiadas y hasta las cintas de la máquina misma. Grossman apeló a Nikita Jrushchov pidiendo que su libro no dependiera de la KGB sino de los editores y acabó diciendo que no renunciaría a él, pidiéndole libertad para su obra.
Su libro tuvo una historia de libro, ya que el censor le respondió que no se publicaría ni en doscientos años, pero se publicó en 1980 en Suiza con la ayuda de disidentes soviéticos y la de Andrei Sajarov, que fotografió en secreto el borrador que conservaron Semión Lipkin y Vladímir Vóinvoich, y que luego sacó a escondidas. En Rusia se publicó ocho años más tarde, en 1988 en la revista Oktyabr y en libro. Pero Vasili nunca lo supo.
Vida y Destino no es un libro de guerra, sino de las vidas en tiempo de guerra. Es una obra monumental que él mismo no comparaba, pero sí quería ver como un homenaje a Guerra y Paz de Tolstoi, uno de sus más venerados escritores, aunque si se mira bien, la manera de tratar a los cientos de personajes que se mueven por sus páginas, tiene más similitud con la forma intimista y humana de escribir de Antón Chéjov que de Leo Tolstoi.
Y es que lo que une a tantos personajes y escenarios y hace que la obra tenga una unidad es esa visión humana y humanizadora, esa afirmación a ultranza de esperanza y de la total confianza en la bondad humana, que nos muestra en más de un pasaje, como el de la anciana, que toma bajo su tutela a un soldado, sin importarle nada, excepto que estaba herido y necesitaba ayuda, y se la da cuando ella misma está más necesitada aún que él. Quiere afirmar y plasmar, que a pesar del dolor, de la crueldad gratuita, de las circunstancias más espantosas en las que el mismo ser humano sumerge al ser humano, siempre habrá una acción, un gesto profundo, que salvará la dignidad de la condición humana, la esencia misma de la humanidad. El mal nunca podrá con el bien, porque jamás dejará de haber una sonrisa, una amabilidad, que le impedirá abarcarlo todo.
Pero que sea un canto a la esperanza, no es por ello, ni sensiblero ni ingenuo, en sus páginas el horror, la traición, la soledad, los desencuentros están ahí, patentes; es la historia de docenas de historias bajo uno de los horrores mayores vividos por la Historia; la batalla de Stalingrado, entre junio de 1942 y febrero de 1943, en el Volga.
Grossman fue cronista del periódico oficial del ejército soviético, el Estrella Roja, teniendo la novela, a veces, partes autobiográficas, más o menos veladas, como la muerte en el campo de extermino nazi de uno de los personajes, donde él quiere imaginar los últimos momentos de su madre que murió en la cámara de gas sin haberla podido volver a ver, pasaje éste de los más terribles y conmovedores del libro.
Su novela, sus personajes, todos víctimas de las circunstancias más extremas, hacen gala de la determinación a ser fieles a ellos mismo, con lo que de bueno y malo tenga; muestran esa capacidad de sacrificio tan rusa, esa precariedad y ese seguir adelante hasta superar cualquier obstáculo: es el destino y vida de la miríada de personajes que van dejándose las ilusiones, la vida, en ese destino forzado por la guerra, pero va más allá y trasciende el episodio histórico donde los emplaza. Son vidas de ir por casa, no son memorables ni tienen especial relevancia, no tienen que ver con los grandes acontecimientos del momento, más bien al contrario: son personas que sufren, que dudan, que se debaten contra el destino; son lo que somos todos, piezas que las circunstancias mueven, y que en esa resistencia a que nuestras vidas sean inútiles, intentamos reaccionar, siendo casi imposible no identificarnos con más de uno.
Es el libro de las Vidas que tuvieron en común un Destino terrible pero que a pesar de éste, no dejaron de ser Humanos.

lunes, 4 de julio de 2011

Pozos

Hay que saber cuándo parar, al igual que se ha de ver cuándo empezar.
Empeñarse en algo, que ya no es factible, es no solo inútil sino patético. Se ha de saber dar la vuelta a las cosas, sin perder nunca el fondo. Las formas sí cambian.

Si se quiere algo y no se consigue, se ha de bucear en su fondo, ver la raíz del porqué se ansiaba y encontrar otra ramificación del mismo sueño para luchar de nuevo por él.
Se confunden las formas con el fondo, se desespera uno por los fracasos, sin tener en cuenta los logros que surgen del mismo error; la eliminación es un buen modo de acercarse a la meta.
No perder el sabor del agua de ese pozo oscuro y fresco que fluye subterránea, y que desde otro pozo, también se alcanza; el agua es la misma, solo el brocal ha cambiado.

domingo, 3 de julio de 2011

Crecer

Una de las principales ventajas de crecer es que, no solo empiezas a vivir según el propio criterio, sino que poco a poco, dejas de justificarlo. Atrás quedan las obediencias, el hacerlo todo sin tener muy claro por qué, el no entender qué haces ahí, en ese lugar que no te gusta, con esa gente que no te arropa.
Crecer implica comprender, comprenderse, empaparse de datos con los que deducir una conclusión personal, no prestada. Implica equivocarse, caerse, esforzarse por ser uno mismo.
Es difícil, quizá, más que seguir la inercia común, sin opinión trabajada, sin errores propios, con orejeras cómodas. Sí, puede que sea más fácil ser sin ser, andar sin caer, no tener que pasar noches en vela sufriendo por el error cometido, sin superarlos, sin aprender. Sí, es más sencillo crecer sin crecer.

sábado, 2 de julio de 2011

Ideas

Cuando investigaba de chica sobre cómo escribir, y me sumergía en las entrevistas a los escritores que admiraba, no había ni uno solo, que respondiendo a la pregunta de cómo consigue usted las ideas, no hablase de llevar siempre papel y lápiz para anotarlas; variaba el tipo de papel y el objeto con que las escribiesen, dependiendo de la personalidad, se usaban libretas pulcras y compradas para cada novela; cuadernos más o menos al gusto; papeles encontrados al azar, destacando las servilletas y posavasos de bares. Eso combinado con bolígrafos propios o prestados, como los mecheros; lápices afilados; plumas usadas solo para ese fin... combinaciones infinitas dentro de sus limitaciones, que reflejaban sin duda, a cada autor.
Es me gustó, pero a pesar de llevar siempre mi propio papel, siempre liso, y boli, siempre negro, no supe su verdadero valor real hasta que no me lancé a mi primera novela.
Y es que es cierto, las ideas que rondan, solo lo hacen una vez: o la guardas, o se te van, son como las moscas, a veces igual de molestas, te zumban y solo se marchan, si con la mano las espantas anotándolas.
Pero lo peor no es eso, sino que creas que las recordarás, y a la hora de la verdad, si no las has atado al papel, no las recuerdas.
Hoy en mi duermevela, me he dicho, ya sé de que hablaré hoy aquí; me dio pereza apuntarla y me dije, es imposible que no la recupere, con que memorice, "muertos y no" ya lo tengo.
Y aquí estoy, solo tengo Muertos y no. Obviamente, he olvidado lo que quería decir, a ver si mañana, esta mosca regresa... porque tiene buena pinta lo que vino a susurrarme.