martes, 31 de enero de 2012

Hoy

No hacía sol, pero la compañía lo iluminaba todo.
Buscando un buen banco, bajo los árboles, haciendo crujir las piedras, oliendo el césped mojado, mirando un cielo no muy azul no muy gris, se han intercambiado palabras, emociones, recuerdos, mientras se comía una ensalada preparada con cariño, saboreada como merece, cortada entre prisas y rutinas extenuantes, pero no incapacitantes, ya que se está aquí, mejor que en ningún otro lugar, compartiendo años en un instante, intentando averiguar si se ha evolucionad algo durante el paso de los años, si se es quien se fue, cosa imposible, o más bien se es quien se quiere ser; sin la timidez de antes, con la fuerza de la experiencia.
Con el sabor del aceite duro y sabroso, tomando infusiones, no al sol, pero sí bajo él. Hablando de nada, de todo, de ser, de soñar, de esperar que mañana surja otro rato donde eternizarse y poder compartir sonrisas, comida, años y amistad.
Gracias, siempre.

lunes, 30 de enero de 2012

Zen

Haz lo que hagas. Es la máxima zen por excelencia, y lleva mucha verdad. Y además no solo es clarividente sino práctica, ya que no podemos hacer nada más allá del segundo presente. Si en ese segundo nos apoyamos del todo, la sensación de plenitud es enorme. Es cuando miramos o hacia atrás o hacia adelante cuando el ahora nos molesta, nos aturde, nos ata, ya sea porque querríamos lo que ya no tenemos o por lo contrario, porque aún no llegó lo que quizá, no venga; el futuro es una incógnita.
Así que lo mejor es hacer lo que se está haciendo con todas las consecuencias y saber apreciarlo, porque si te descuidas, zas, ya no está.
Y el cúmulo de "haceres" nos dará toda una vida: la que hicimos.

sábado, 28 de enero de 2012

Personajes de cuento (para Laura)

Crecemos, o deberíamos crecer, escuchando cuentos. Nuestra mente se llena no solo de realidades sino de fantasías, y la infancia es el mundo donde se mezclan y conviven sin ningún problema esos dos universos: ogros, brujas, sirenas, casas de caramelo, trocitos de pan, madrastras malvadas, enanos aviesos, troles estúpidos, centauros conviven con maestras, vecinos, padres, abuelos y es más, se identifican con ellos.
El hombre del saco es uno de los más fáciles de trasladar al mundo real. Siempre suele haber un hombre siniestro a quien poderle endosar ese papel.
De chica, en el colegio, rondaba un pobre hombre, eso sí, malcarado, al que los rumores le señalaban como malvado; cuando salíamos de clase le seguíamos y si se giraba, muertas de miedo, corríamos a defendernos de su mirada.
Nos encantaba asustarnos unas a otras en los recreos añadiendo detalles morbosos y cruentos: que si se le vio con una navaja, que si dejaba rastros de sangre, que si el saco se movía, que si a la de cuarto B casi la coge.
Qué fácil era cuando se podía intercambiar una bruja en una vecina, o un ogro en tendero. Ahora, en este mundo adulto donde se supone que la fantasía no ha de existir, lidiar con los temores diarios es más arduo, y sobre todo, menos divertido.

jueves, 26 de enero de 2012

Gandía

Esta tarde la he pasado en Gandía junto con lectores de, entre otros libros, uno mío. Ha sido un rato muy agradable, sus preguntas, interés y puntos de vista han llenado el salón de actos de la biblioteca, antes antiguo convento reconvertido en cárcel, comisaria, administración, ayuntamiento hasta llegar al ahora, donde son los libros lo que lo cubren todo con historias paralelas a sus muros, que por cierto aún conservan frescos del refectorio del convento original.
Estar entre estos lectores ha sido especial, no solo por ellos mismos, que con eso ya valía la pena el viaje, sino porque me han traído de nuevo a los personajes de mi libro; ante mí estaban de nuevo todas y cada una de sus historias, me miraban de cerca, recordándome los años que estuvimos juntos, ellas y yo, creándolas. Ahora, hace un rato, esos lectores con sus visiones, sus interpretaciones y su cariño hacia mis criaturas, han logrado que se paseasen vivas entre nosotros; estaban allí mirando y escuchándonos atentos a qué se decía de ellos, nos observaban desde el papel pero también desde su realidad; porque entre todos, ahí, los hemos invocado y han respondido.
Como les dije en la charla, en realidad no soy yo quien los escribió, fueron ellos quienes se escribieron a través de mis dedos y viven a través de sus ojos, de todos los ojos de quienes los leen.
Gracias.

miércoles, 25 de enero de 2012

Bambalinas

Siempre me ha gustado lo que está detrás de las cosas; las bambalinas, tanto figuradas como reales.
La primera vez que estuve ante un escenario como espectadora me deslumbré por las butacas, el telón rojo, las telas suntuosas, las lámparas de lágrimas, los palcos, alfombras, luces... y nerviosa, cuando se alzó el telón, me dejé llevar por la magia de la representación, entrando en el juego de realidad que me proponían. Fue emocionante.
La vez primera que fui yo la que salió a escena, fue más bien angustioso, verlo desde arriba, deslumbrarte por la gente, luces, decorados, agarrotada por las palabras que habría de decir para crear esa complicidad, me agotó, pero luego, una vez pasado todo, la mezcla del tiempo y el recuerdo me lo devolvieron con cariño.
Pero la mejor de todas las primeras veces, fue cuando pisé las bambalinas, con ese olor tan suyo, entre cachivaches, trajes, la gente afanándose entre cuerdas que no se sabe muy bien a donde van y de donde vienen... esa negrura mal iluminada, esos camerinos angostos, con espejos brillantes, baúles y atrezzos, murmullo de gentes, ajetreo de cosas, nervios y aburrimientos en la espera: el hervidero humano de una realidad que solo al salir a escena deja de ser anodina para crear un universo único, especial, y que casi, casi nos hace olvidar que detrás del telón hay polvo, ruido, trabajo y mucho ingenio.

martes, 24 de enero de 2012

Tesoros

De niña me encantaba descubrir tesoros, me imaginaba que estaban enterrados en los sitios más peregrinos, como buen tesoro. Me pasaba horas investigando el terreno para encontrar lo que a cualquier otro ojo, no tan experto, se le había pasado. No encontré nunca nada cavando. Es más hasta hice lo contrario: perdí más de un objeto.
¿Cómo?, pues muy fácil, yo misma hacía mis propios tesoros enterrados: una zapatilla en la arena, un anillo entre la hierba, un trozo de metal brillante casi de oro entre rocas... y así, pensaba mientras hacía el mapa con la X, seguro que mi amiga y yo lográbamos encontrar algo: lo hacía más por ella, para que no se llevara una desilusión, y la desilusión me la llevaba yo, porque fui incapaz de recuperar zapatilla, anillo y el metal casi de oro. Los tres fueron tratados como tesoros en tres lugares diferentes y espaciados en el tiempo. Y ahí quedaron.
Lo único que me consoló, es que alguien, algún día, sí encontraría mis objetos. Yo jamás encontré los de nadie. Eso sí, nunca dejaré de buscar.

domingo, 22 de enero de 2012

Sin excusas

Los estados de ánimo van variando, pero no con respecto a lo que nos sucede, sino a cómo entendemos lo que ocurre. No es lo mismo.
Te pueden caer desgracias a pares y si no las sientes así, no te afecta, y al revés; puedes estar estupendamente situado pero que tu apreciación sea negativa, por lo tanto, el ánimo no se corresponda con la realidad.
Dependemos de cómo procesamos esa realidad, dependemos pues, de nosotros mismos, más allá de lo real; nuestro cerebro nos engaña si así lo programamos, si así dejamos que vaya sesgando lo que los sentidos le acercan, y tras nuestra mente, vamos nosotros, barranco abajo o cielo arriba.
El sentido de la realidad, la realidad misma, no es nada sin la visión que tenemos de ella, y ahí es donde está nuestro poder y ahí es donde lo perdemos. No somos conscientes de lo poderosos que somos, de la capacidad de encoger, agrandar, alegrar, enturbiar, ennegrecer o sublimar que tenemos sobre lo que nos pasa.
Con un giro de apreciación el mundo cambia completamente, si nos sentimos bien, lo podemos todo, si nos duele algo, hasta abrir una carta cuesta.. y es que hemos de aprender a comprender ese poder, y sobre todo, a saber que solo depende de nosotros, que ningún otro es quien tiene la varita mágica; no es él ni ella, somos nosotros creyendo que son ellos los que nos protegen: no.
La vida es lo que queremos ver y hacer en ella y con ella, sin excusas.