—¿Me has oído?
Su voz brusca interrumpe mi duermevela. Abro los ojos que no sabía cerrados.
Intento retener las imágenes soñadas que se deterioran con rapidez dejando paso a las reales. Procuro detenerlas, las prefiero a las que se van perfilando sobre la ventanilla borrosa, manchada de un paisaje monótono que se mezcla en mis ojos junto con los restos del sueño, el cansancio del viaje, los insectos aplastados, la lluvia seca y las horas muertas.
Reduce la marcha. Gira.
Una gasolinera. Recuerdo cuando las veía como refugios, cuando sabía que, en realidad, no lo eran.
Estoy cansada.
No me apetece recuperar esos días donde aún creía posible escapar de mi suerte. De todo.
Los aparto, que no entren esos recuerdos. He de dejar espacio para el ahora.
Dónde estamos.
Me atrapó el sueño más de lo que creía.
He de situarme más allá de saber que estoy en el coche.
Otra vez en ruta
Su voz brusca interrumpe mi duermevela. Abro los ojos que no sabía cerrados.
Intento retener las imágenes soñadas que se deterioran con rapidez dejando paso a las reales. Procuro detenerlas, las prefiero a las que se van perfilando sobre la ventanilla borrosa, manchada de un paisaje monótono que se mezcla en mis ojos junto con los restos del sueño, el cansancio del viaje, los insectos aplastados, la lluvia seca y las horas muertas.
Reduce la marcha. Gira.
Una gasolinera. Recuerdo cuando las veía como refugios, cuando sabía que, en realidad, no lo eran.
Estoy cansada.
No me apetece recuperar esos días donde aún creía posible escapar de mi suerte. De todo.
Los aparto, que no entren esos recuerdos. He de dejar espacio para el ahora.
Dónde estamos.
Me atrapó el sueño más de lo que creía.
He de situarme más allá de saber que estoy en el coche.
Otra vez en ruta

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