martes, 9 de noviembre de 2010

Invasiones

Me gusta observar, mirar a la gente como va andando y hablando por sus móviles, si te acercas un poco, sigues la conversación sin problemas, van contando sus asuntos como si estuvieran en el salón de su casa, cosa que no hacen si están diciéndoselo a un amigo presente. Es curioso, pero al hablar con un interlocutor que no está, es como si nosotros tampoco, como cuando un niño cierra sus ojos y dice, no estoy, no me ves.
Se escuchan sin querer problemas laborales, sentimentales, prácticos, triviales, cotidianos. Tenemos una puerta abierta a sus vidas desde ese creerse solos. Y cada vez se ven más personas solas que cogen el teléfono para sentirse acompañados en el trayecto, o con música, para lo mismo.
La tecnología parece que esté hecha para invadir el mundo de uno, esa soledad necesaria para escuchar los propios pensamientos. Si es así: Peligro.

lunes, 8 de noviembre de 2010

El lado oscuro

Dentro de la creación, innerente a ella quizá, cohabita normalmente una tendencia oscura que no se da tanto en otros parámetros.
Hay como una necesidad tirana que arrastra hacia la disciplina adecuada. El artista no es que sea diferente al no artista, teniendo en cuenta que todos tenemos en nuestras personalidades los mismos ingredientes, sólo varían las cantidades, digo que el artista posee en su centro una necesidad vital de crear y que si no se canaliza, se malogra, se convierte en algo oscuro y no en la obra de arte a la que estaba destinada.
Por ejemplo, las mentiras. Los escritores han de fabular, inventar, crear con la realidad, es algo más fuerte que ellos mismos. Está ahí el mundo para ser reeinventado, y si no se lleva al papel, se lleva a la mentira, y desde ahí a sentirse culpables, estafadores, o simples infelices, en vez de cogerlas, moldearlas y crear.
Con las demás disciplinas sucede lo mismo: un niño que no para quieto, quizá sea bailarín; una persona que busca y rebusca el equilibrio, sería un buen intérprete; un exagerado, un actor... cientos de ejemplos.
El lado oscuro tiene también su lado luminoso. Sólo hay que elegir.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Si no quiero, no lo veo

Hola; Hola; ¿Qué haces, preciosa? La niña estaba sentadita ante un pupitre de plástico en su casa, tenía muchos folios delante y otros tantos en un montón, los iba garabateando, y me explicaba qué eran; esto es una nube, esta mi casa, mira, ¿ves?, es mamá. Y así iba nombrando cada uno de los dibujos. Qué bonitos, iba halagando, y ella sonreía. Hasta ahí, normal. Lo que no lo era tanto, es que detrás de ella había una cunita con un hermanito recién nacido al que trataba como si no existiera; un ser invisible.
Quería saber hasta qué punto, la niña, negaba esa realidad y procuraba llevar la atención y la conversación hasta él, pero no había manera, se escurría con una habilidad pasmosa; negaba, no sólo su presencia sino su propia existencia. Incluso cuando el bebé lloró un poquito, aproveché su llanto para indicarle si creía que el hermanito querría algo. La pequeña ni se inmutó, no es que preguntara, qué bebé, o contestara que no había escuchado nada, es que trató la cuestión como si no la hubiera dicho. No había niño rival por ahí, sólo dibujos y llamar mi atención, sobre todo, si miraba en la dirección de la cuna, ahí hasta me estiraba de la ropa para que admirara sus obras. Por lo tanto sabía. Por lo tanto era consciente. Por lo tanto, a la tierna edad de tres años el ser humano ya está capacitado para intentar cambiar la realidad a su gusto, para no querer enfrentarla.
Cuántos facturas pendientes tenemos los humanos.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Cantidad y calidad

Ahora, más que nunca, se puede acceder a esos quince minutos de gloria que nos espera a cada uno, prometidos por A. Warhol.
Sí, ahora uno puede hacer lo que quiera y verlo en pantalla; fotos, escritos, música, pensamientos, comentarios... todo, la red nos abre las puertas, no sólo al mundo, sino desde nuestro mundo hacia el de los demás.
Es un arma de doble filo, por supuesto, como todo. Pero aquí, en la superabundancia de información se confunde lo irrelevante y lo banal con lo bueno y digno, los ídolos de pies de barro, el imperio de la estupidez se pasean con mucha más fuerza que en otros medios.
Ahora la tecnología permite lo que sólo con dinero y esfuerzo lograban unos pocos, ya fuese en imágenes, sonido, palabras, pintura..., ahora cualquier móvil graba cualquier cosa y al minuto puede ser, no sólo visto por millones de personas, sino tratado como lo mejor del momento, desbancando a los que de verdad se lo trabajan. Se confunde calidad con cantidad sin más criterio, sin más análisis: lo ven todos, lo veo yo; te gusta, pues a mí también.
No es una crítica, para nada, del medio, creo en la creatividad, en las oportunidades, en la diversión, en compartir lo que se hace.
Mi comentario va dirigido más bien, al temor, de que entre tanta información superficial, terminemos con la capacidad de crítica, con la gente que de verdad hace algo interesante, y quizá, con la calidad; que al final, quede sepultada entre tanta cantidad y bajo esa peligrosa pereza que se da al no ejercer el propio criterio.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Asideros

Vivir no es fácil, es más, a veces es muy difícil. Pero la misma vida te va ayudando a vivirla con pequeños placeres que van y vienen; como ese té que prepara una amiga tan especial, ese café que sirven en un bar amable, el paseo del parque que ahora está hermoso por el otoño, esa serie a la que le esperas cada capítulo con ganas, uno de tus autores preferidos que va a sacar otro libro, una cerveza fría, ese plato de champiñones que hace tu amigo insuperable, la risa de un niño que frecuentas... son tantas cosas, y nos enganchan por épocas, y cuando ya no son esos, y por lo que sea, nos topamos con ellos en la nueva rutina, un velo de recuerdos nos invade, nos retrotrae al tiempo donde nos ayudaron a pasar los días, y los vemos nítidos, ante nosotros. Y si todo va bien, recordaremos los buenos momentos, si va menos bien, también invocarán los malos que hubieron, nos reiremos sintiéndonos casi ingenuos por haberlos necesitado ayer, y sin más, los dejaremos donde los encontramos -o tiraremos- para ir, inmediatamente, a aferrarnos a los de hoy. Sin ser casi conscientes de que serán recuerdos mañana.
La idea es ir viviendo.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Somos

Más de una vez, y más de dos, nos enfadamos con nosotros mismos, nos sorprendemos haciendo o diciendo justo lo contrario de lo que nos habíamos prometido hacer o decir. Nos pillamos los dedos aceptando algo que no queríamos, o realizando lo que nos dijimos que ni de broma haríamos.
Pero no es porque seamos imprevisibles, es que aunque no queramos, dependemos del contexto en el que nos movemos, no somos solos, somos entre y con gente.
Es como una broma pesada, si te mantienes inflexible llevando a ultranza lo que crees que eres y piensas, tampoco te sientes satisfecho, y si te vas demasiado de los parámetros en los que te crees moverte, menos.
Y es que creo que somos quienes somos a pesar de lo que creemos que somos.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Celebraciones

Estamos en días de cementerios, tumbas, flores, suspiros, alguna que otra lágrima, sacar fotos en sepia o ya amarillentas por los años para verlas, paseos melancólicos, recuerdos.
No me acaba de gustar que hayan días señalados para nada, ni para visitar a los muertos, ni para los buenos sentimientos, ni para el padre, la madre, el cáncer, la infancia..., sé que hay trescientos sesenta y cinco días al año, hora más hora menos, y que a algunos les encanta, y más, de una parte hasta ahora, etiquetarlo todo y decidir por los demás, cómo sentir, qué celebrar y cuándo.
No me gusta.
Yo quiero recordar a mis muertos cuando entre ellos y yo nos apetezca, quiero sentir paz y amor al mundo no sólo el veinticinco de diciembre, no deseo celebrar ni un san Valentín ni un día de la madre cuando lo marque un calendario, ni siquiera me gusta que el treinta y uno de diciembre se haya de festejar que se acabó el año; cada día se acaba el año, ya que cada día, hace un año que fue ese día.
Decididamente, no me gusta que me empaqueten de serie cada veinticuatro horas, ya es dura la rutina como para que encima, te la impongan de afuera.