viernes, 26 de noviembre de 2010

Asombro

Dejarte sorprender por lo que te rodea es más una actitud, que un rasgo. Mirar con ojos nuevos lo viejo, pasear a lo largo del día pendiente del pulso de los acontecimientos es un buen viaje. Y da igual que el entorno sea siempre el mismo, porque si lo miras bien, no lo es. O si lo observas desde otro ángulo.
La habituación es tan sólo otro de los famosos recursos del cerebro para no sobrecargarse, pero rebelándote contra él, puedes moverte cada vez por un barrio diferente, escuchar conversaciones distintas y hasta pensar en ideas menos cotidianas.
La capacidad de asombro, la necesidad de curiosear, el querer ver más de lo que capta el ojo, es un ejercicio de la voluntad, sólo de niños es como respirar.
Vale la pena ejercitarlo.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Cuidado

Se empiezan a ver indicios evidentes de que se acerca la Navidad, no hay supermercado sin turrón a la venta, ni tiendas sin adornos chillones y festivos, todo reclamos para consumir, en resumen.
Y es que la Navidad, esa fiesta que se supone es para reencuentros familiares, buenos deseos, paz, milagros cotidianos y luces de esperanza, hace mucho que se convirtió en disgustos alrededor de una mesa, malhumor, guerra, tropiezos varios y sobre todo, consumo. Mucho consumo. Primero en la mesa, luego en los regalos, más tarde en la fiesta de fin de año, luego en el primero de año, así la tradición queda establecida: este año, aunque sea nuevo, se gasta lo mismo y más, si puedes. Más regalos, cenas fuera, regalos, vestidos, peinados complicados, salas de fiestas abarrotadas, más comida, visitas obligadas...
Creo que el espíritu de las fiestas hace mucho que se esfumó, se convirtió en obligaciones y tarjetas de crédito. Y lo peor es cuando se va, y ves a tu alrededor la tierra quemada; kilos de más, regalos que no gustan o que arruinaron presupuestos, familias más tensas, amigos menos amigos... y todo por querer meter con calzador lo que no se puede: disfrutar de las cosas, de la gente, de regalar y que nos regalen cuando queramos, no cuando un calendario cada vez más interesado nos lo obligue.
Así que, cuidado.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Escribir

A la conclusión que hemos llegado, y a la que llegamos siempre, una amiga poetisa y yo cuando hablamos, es que lo importante de escribir no estriba en estar delante de personas que te escuchen, hayan sido convocadas o no, amigos o incondicionales. Lo que mueve la poesía, las palabras, son las ganas, la necesidad de escribirlas, esa desazón que te recorre por dentro hasta que las liberas; ese agobio diario si no te has puesto a plasmarlas en el papel, en la pantalla; es salpicarlas por todas partes, que no dejen de mojarlo todo, cualquier superficie, cualquier lector que las atrape y se las lleve consigo, para reescribirlas, para que le crezcan por dentro y le den una pequeña lucecita, un ligero calor, ese cosquilleo agradable que hacen al moverse cuando están en uno.
Eso es escribir. Lo demás son daños colaterales.

martes, 23 de noviembre de 2010

Para qué preocuparse

Es curioso, cuando a veces, entramos en casa, o estamos entre amigos, y nos sentimos seguros; es como cuando niños y se jugaba al escondite o cualquier juego de tensión, se tocaba mare, y si lo hacías, estabas a salvo; nadie podía hacerte nada.
De adultos también necesitamos ese refugio incondicional, y como de chicos, no cuestionable, porque a ver, ¿por qué detrás de ese árbol estás libre y más allá, no? era el lugar arbitrariamente elegido para ser zona segura. Como una frontera u otra cuando hay guerras. Es un gran juego también.
Y tampoco nos lo cuestionamos del todo, porque una vez en esa casa, ese país, esa familia, ese amigo..., en realidad, tampoco estamos más seguros que tras el árbol: tan sólo somos unos minúsculos seres habitando un planeta pequeño precariamente en equilibrio en un universo inmenso, desconocido, infinito....
Somos nada sobre nada en la Nada.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Conocer

No nos conocemos unos a otros... cierto, ni aún que se conviva, ni se hable, ni se divierta ni se le tenga en la familia..., cierto. No sabemos nada.
Pero la pregunta más terrible es: ¿Qué queremos saber, hasta dónde nos molestaríamos por querer conocer, cuánto esfuerzo emocional estamos dispuestos a invertir?
Y si esa pregunta obtiene una contestación más o menos positiva, aún hay otra: ¿Cómo olvidarnos de ser nosotros para ser esa persona a la que queremos ver sin nuestra propia visión? Y tras esa pregunta, para quien llegue a ese nivel, todavía le queda otro escalón más: aceptar esa persona tal como es, sin más.

Cierto, no nos conocemos, pocos invierten tiempo y ganas en el intento y menos llegan a conseguirlo. Y la paradoja, es que cuando más nos vaciamos de nosotros mismos, más nos conocemos desde ese fondo insoldable para los demás y para uno. Somos el reflejo que nos devuelven y que devolvemos.

sábado, 20 de noviembre de 2010

El sentido de la vida

¿Cuál es el sentido de la vida? Sí, una pregunta muy directa y muy absurda también, porque no tiene una sola contestación, hay tantas respuestas como almas vivas, cada una de ellas le da sentido a su manera, a su sentir o a su no sentir.
Se puede teorizar largo y tendido, de hecho se hizo y se hace, y no se llega a ningún punto, quizá porque el punto es tan grande y abarca tanto que no se le ve. Nietzsche dijo; "Yo tengo mi manera, tú la tuya, el otro la suya, por lo tanto no hay una sola manera." Y es cierto. Lo que también es verdad es que sí hay algo en común a todas esas maneras y respuestas; en todas sin excepción, se busca encontrar ese equilibrio entre la sinrazón de un estar respirando, respirar y sentirnos bien por hacerlo: la respuesta variará pero querrá atar esos tres principios.
Otra cosa que puede desconcertarnos es que, en el caso de que nos sintamos contentos por haber llegado a una solución, es efímera esa euforia, ya que la solución varía en el tiempo, debido a que cambiamos de circunstancias vitales y el último punto, se ha de revisar con frecuencia.
Por lo tanto, todavía hay más maneras de las que auguró Nietzsche, ya que la manera de uno, tampoco sirve para toda esa vida en busca de sentido.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Movimiento

Ves cómo el mundo pasa ante ti, tú en un barco, en tu vida, y navegas lentamente, surcando el tiempo, y la brisa de las horas te envuelve, y miras a tu alrededor y compruebas la estela que dejas atrás, blanca, espumosa, cuajada.
Si la brisa molesta, puedes enfundarte en un jersey abrigado, suave, para aguantar un poquito más el embite de las olas, de esas gotitas que a veces hasta duelen por la velocidad a la que chocan contra nuestra cara. Saladas a veces, como las lágrimas.
Ahí de pie, sin hacer más que contemplar el mundo azul, puedes pasar la vida, pero si quieres, aún en ese barco en movimiento, puedes moverte a tu vez, caminar, recorrerlo todo, correr incluso. Y así, la velocidad normal e invariable del barco que no está en tu mano modificar, la amplías y aumentas con la tuya propia, la que sí es susceptible a tu voluntad.
Y desde ese movimiento eterno, involuntario, se añade ese otro movimiento finito pero voluntario.