viernes, 30 de noviembre de 2012

Época oscura

Es una época oscura, más de lo que queremos pensar. 
El ambiente, la gente, los enfoques empiezan a cerrar filas en torno a una individualidad negra; un sálvese quien pueda, un mirar por uno mismo, un embrión que va creciendo con el malestar.
Cierto que también, y sin ser una contradicción sino un refuerzo de la crisis personal, se crean colectivos que arropan y se arropan ante un malestar común, se van haciendo grupos donde el problema de uno se hace de todos, porque a todos les atañe. Y surgen como setas.
No podemos negar que estamos inmersos en un caos del que no se sabe muy bien cómo se va a salir, eso lo sabrán quienes estudien este trozo de Historia, conocerán al empezar el tema el porqué y cómo se solucionó. Porque bien o mal, esta época desestabilizadora se asentará. Lo que no sabemos, quienes la vivimos, es qué hacer, dónde ir, cómo movernos. Estamos presos en y de los sucesos porque son los nuestros; la solución la tenemos nosotros; así que no la vemos.
Mientras tanto los individuos nos alejamos unos de otros, intentando encontrarnos. 
Y no, ahí no estamos.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Y entonces...

El tiempo pasa volando, es una expresión que a veces se queda corta, sobre todo cuando miras hacia atrás, y ves todo el tiempo transcurrido: marea.
Lo mejor es contabilizarlo por cosas realizadas, logros superados, metas que aún siguen, pero están más avanzadas, ideas que nos acompañan y crecen.
El tiempo sin nada que lo plasme, parece más muerto, más estéril, más tiempo.
Ese día a día que nunca parece terminar, que nos obliga a salir adelante, a conseguir propósitos, es en realidad el Tiempo, el reloj de arena que miras hipnotizado mientras ves caer los granitos minúsculos de una parte a otra, arriba lleno, abajo, llenándose; ahí está ese discurrir continuo y no notas que se va vaciando; tarda tanto... y cuando más absorto se está viendo pasar la arena, se forma ese remolino arriba, indicando el principio del fin; lo que había en abundancia, se va. Y se va, ves ese último granito caer y ya está, se terminó el tiempo.
Menos mal, que en este caso, aún se le puede dar la vuelta para invertirlo..., pero una vez habrá que no.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Instante

Maneras de vivir,
sentires diferentes,
bullicios desconcertantes,
olores penetrantes,
callejuelas laberínticas,
gritos aturdidores.
Mentes ocupadas de maneras diferentes,
unidas en su sentirse vivas,
distintas en sus opciones.
Todos podríamos ser todos.

Cada instante es eterno
y en uno solo se da
todo el ciclo vital;
a cada segundo se nace,
se ríe, se muere, se duda,
se traiciona, se odia, se ama.
Cada segundo es la vida completa
del que podríamos haber sido
del que quizá seamos,
riendo, naciendo,
muriendo, traicionando.
Cada segundo solo nos recuerda
que no somos nada.
Suspendidos en el infinito, desconocido,
sin tiempo,
sin línea más allá del segundo constante,
diferente, turbante,
bullicioso, innegable.
Maneras de vivirlo

sábado, 24 de noviembre de 2012

Enredos

Lo que fue, no es,

lo que es, no fue.

Fue lo que fue. Es lo que es.

Lo inamovible es y fue, será y es.

Es inmutable lo que no fue, mutable lo que aún no es, será.

Los días son, luego fueron, posiblemente, serán.

Los años no son nada de lo que fueron, recuerdos de lo que son, sombras que serán.

Sueños; nieblas idas, búsquedas agazapadas que fueron.

Somos, fuimos, seremos, ¿o somos quienes fuimos antes de ser?

No somos nada que no fuéramos, sombras soñadas de quienes fuimos.

Siendo los que somos, ¿quiénes somos?

Qué somos, quiénes seremos, qué fuimos..., ¿somos?

Solo eso, juegos de palabras, enredos del ser.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Pensamientos anulados

A lo largo de la Historia, cuando cualquier dictador entraba en escena, una de las primeras cosas que hacía, entre matar, apresar, dictar sus normas y pintar el ambiente de terror, era la quema pública de libros.
Se obligaba a que sus nuevos ciudadanos llevaran a las víctimas a una plaza pública, emblemática a ser posible, para depositarlas en medio, se iba casa por casa para comprobar que nadie había escondido algún ejemplar; un libro más apreciado, el más releído, el que siempre nos consoló. Entran y registran y si se topan con uno solo, al dueño lo encerraban, y al libro se lo llevaban para engrosar la pila.
Una vez todos ahí amontonados, indefensos, sin poder hablar ni perpetuar sus páginas, a menos que se hubiesen memorizado como en la famosa novela de Bradbury, se les prendía fuego.
Hitler, Stalin, Mao entre otros se aplicaron bien en esto; no dejaron que ellos, los libros, contaminaran a su nuevo pueblo con ideas propias.
Ahora, en esta época, tampoco dejan que los libros nos contagien con su saber, pero son más astutos; no usan el fuego, sino los medios a su alcance para que sus súbditos ni se acerquen a ellos. Para eso está la televisión, el fútbol, la baja calidad de enseñanza y lo que vayan sacando.
Es más ladino y astuto, no crean mártires, y encima, funciona mejor.

martes, 20 de noviembre de 2012

Puntos de vista

Lo que nos une, desde el primer fuego hasta ahora, es escuchar historias, unos las cuentan, los demás escuchan y las vuelven a narrar.
Siempre nos han atraído: es la base de cualquier arte; todos cuentan, todos son historias de luz, color, palabras, melodías.
Nos movemos entre narraciones, las de la calle, los amigos, los libros, el cine, las nuestras que inventamos... no sabemos vivir sin ellas. Nadie ha pasado jamás ni un solo día sin un relato, nunca. La mente humana necesita de ellas, las emociones, los pensamientos, los sueños, los actos, todos son reflejos de esas historias, las que nos van configurando y dando pautas. Ellas nos crían, nos sostienen y nos acompañan. La red social está tejida de ellas. Nos encanta que nos sorprendan. Y aquí va un ejemplo.
Un día, dos padres, uno rico y otro pobre, llevaron a la cima de la montaña a sus hijos aún pequeños: el primero situándole donde pudiera ver bien, le dijo contento: Mira, un día de estos todo esto será tuyo.
El segundo, subió al hijo y asegurándose que viera bien, dijo feliz: Mira.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Ahí

Hay preguntas incontestables que seguimos haciéndonos, desde que aprehendimos que no somos eternos.
Una de ellas, es qué sentirá un suicida, por qué adelanta su final, hasta qué punto se arrepiente, cuando ya ve que no hay remedio, de haberse despedido de sí mismo antes de hora.
Los mitos y elucubraciones que se han acumulado a lo largo de la historia sobre ese momento entre la vida y la muerte son muchas y la mayoría hermosas; esa despedida de un estado al otro es lo que más cercano creemos tener; desde Caronte y su barca, las monedas sobre los párpados para pagar el peaje, incinerar el cuerpo para que el humo llegue mejor, enterrar los restos con todos sus bienes y mascotas para que no esté solo cuando despierte en la otra orilla, hasta esa luz que dicen se ve al final de un túnel oscuro donde se proyecta la vida que se vivió, pero esta vez con sentido.
Es como si creyéramos que en esos segundos en los que todavía no morimos pero ya no vivimos, nos dieran la clave: saber antes de desaparecer, o saber que nunca dejaremos de recordarnos. Una última concesión a nuestra capacidad humana de ser uno mismo. La que nos da miedo perder en la Nada.
Por eso, uno que ha acelerado el proceso, a la fuerza, ha de experimentar algo diferente, ya que antes de dar el paso, pertenecía al otro lado, vivía desde él, y ni la vida con su fuerte instinto, le recuperó: ya había cruzado el margen antes de atravesarlo.
Ese instante de tránsito, donde se crean fantasmas y aparecidos, es una zona para soñar que vives, si ya has muerto o que moriste si aún estás vivo.