“Ve a ver cómo está
la abuela, anda”. Y sin molestarse, para nada, en articular algo inteligible,
salió del comedor escaleras arriba para tumbarse en la cama, por supuesto, sin
cumplir el encargo. “¡Qué fastidio!” Y cogió el teléfono para amargarse con los
detalles de la cita a la que no podía asistir, cosa en la que le ayudaba con
sumo placer la amiga a quien llamaba; “Qué pena que no vengas hoy,
precisamente, que vienen todos”. Con esa
frase daba un interés a la reunión que, de ningún modo, tenía: sería una tarde
más, donde la gente se aburriría como siempre, pero la ausencia de la joven
daría brillo y al menos durante un rato, habría tema para comentar. Sara,
estuvo haciéndose mala sangre al teléfono hasta que el primer timbrazo indicó
que al menos alguien, había aceptado la invitación de mamá. Se sobresaltó,
colgó y abrió el armario para buscar qué traje ponerse; una cosa era ser una
víctima de las circunstancias y otra bien distinta no estar presentable.
Además, a lo mejor venía Alejandro. Incluso puede que fuese él quien había
llamado. Se metió en el cuarto de baño y empezó a arreglarse a toda prisa.
domingo, 17 de marzo de 2013
sábado, 16 de marzo de 2013
Relato, 1 Parte. La cena
“¿Está todo
preparado?” La pregunta hecha cientos de veces esa tarde recorrió la casa y
obtuvo tres respuestas afirmativas cansadas de repetirse y al unísono. “Sí,
señora”; “Sí, mamá”; “Sí, cariño”. A
pesar de oírlas, no las escuchó, y la mujer siguió con la actividad inútil de
quién no sabe qué hacer y quiere hacerlo todo. “¿Qué hora es ya?” “Las siete”
“Dios mío, qué tarde, ¿cómo es que aún no ha venido nadie?” No hubo respuesta;
estaban cansados y todavía no había ni empezado la cena. Una cena incómoda
tanto para los que estaban en casa como para los que no habían llegado. “No es
una buena idea, cielo, piénsalo bien. No va a funcionar”. Pero el sentido común
del marido no tenía ascendente sobre su esposa, que cuando se empeñaba en algo,
no había más que hacer. “Tenemos que reunirnos, es imprescindible. Nadie quiere
responsabilizarse y yo estoy harta que me den largas. Sabes que es necesario:
todo ha de quedar claro antes de que mamá… “ y en ese punto, invariablemente se
paraba. No le gustaba ni le parecía delicado acabar lo obvio. Había aprendido a
vivir sin enfrentarse a lo desagradable, si podía evitarlo. “Sigo creyendo que
no es una buena idea.” Dijo Santiago, más por costumbre que por reivindicar su
postura ya que pocas veces, más allá de la mera cortesía en preguntarle, se le
escuchaba la respuesta. “Por Dios, qué tarde”. Y corriendo de un lado al otro
del comedor intentaba que el tiempo hiciera lo mismo. La hija, cansada y de mal
humor porque esa noche la obligaban a estar en casa, habiendo tenido que anular
una cita con sus amigos, decidió hacer patente su disconformidad por todos los
medios posibles; no contestando, hasta que el peligro de una bofetada era
inminente, no ayudando en nada a fuerza de ser incompetente en cualquier
encargo, estar sin arreglar, y ahora, a punto de que empezasen a llegar, irse a
su cuarto. No quería estar allí. Se sentía víctima y arrastraba su desdén en un
silencio que ella pensaba digno y contestando con unos monosílabos más
parecidos a gruñidos que a respuestas.
miércoles, 13 de marzo de 2013
Engaños
Es
divertido, a la vez que un poco triste, ver cómo siempre han exisistido
listillos que juegan con la ingenuidad de la gente y se aprovechan de
ella para colar productos de pacotilla.
Uno de los iconos del Lejano Oeste, indiscutible, es el vendedor ambulante, ese mercachifle que intenta vender a la gente elixires milagrosos que todo lo curaban, ya fuera la calvicie, la gripe, la obesidad. Ahí están, clamando su mercancía junto con sus ganchos entre el crédulo público, que picaba y se llevaba todas las botellas que podían.
No retrocedo a las curas milagrosas de meigas ni hechiceras, pero ahí queda dicho. Desde que el mundo es mundo, se intenta el engaño.
Y ahora en pleno siglo XXI no iba a ser el final. Los anuncios increíbles, tanto en prensa, como en televisión y ordenador -que se note, al menos en la difusión, que estamos avanzados-, se sigue intentando vender timos: que si esto te hará más joven, más delgada, corta mejor, pinta sin manchas, calienta en invierno, cura en verano..., seguimos bombardeados por los mismos embaucadores de antes, y sí, siguen vendiendo.
Es que claro, quién pude resistirse a creer en los sueños, a que por el módico precio de tanto, se consiga lo que la voluntad o las circunstancias nos lo pone difícil... somos fáciles de engañar porque queremos creer que no es un engaño. Solo un sueño cumplido.
Uno de los iconos del Lejano Oeste, indiscutible, es el vendedor ambulante, ese mercachifle que intenta vender a la gente elixires milagrosos que todo lo curaban, ya fuera la calvicie, la gripe, la obesidad. Ahí están, clamando su mercancía junto con sus ganchos entre el crédulo público, que picaba y se llevaba todas las botellas que podían.
No retrocedo a las curas milagrosas de meigas ni hechiceras, pero ahí queda dicho. Desde que el mundo es mundo, se intenta el engaño.
Y ahora en pleno siglo XXI no iba a ser el final. Los anuncios increíbles, tanto en prensa, como en televisión y ordenador -que se note, al menos en la difusión, que estamos avanzados-, se sigue intentando vender timos: que si esto te hará más joven, más delgada, corta mejor, pinta sin manchas, calienta en invierno, cura en verano..., seguimos bombardeados por los mismos embaucadores de antes, y sí, siguen vendiendo.
Es que claro, quién pude resistirse a creer en los sueños, a que por el módico precio de tanto, se consiga lo que la voluntad o las circunstancias nos lo pone difícil... somos fáciles de engañar porque queremos creer que no es un engaño. Solo un sueño cumplido.
lunes, 11 de marzo de 2013
Fábulas
Lo que
nos une, desde el primer fuego hasta ahora, es escuchar historias, unos
las cuentan, los demás escuchan y las vuelven a narrar.
Siempre nos han atraído: es la base de cualquier arte; todos cuentan, todos son historias de luz, color, palabras, melodías.
Nos movemos entre narraciones, las de la calle, los amigos, los libros, el cine, las nuestras que inventamos... no sabemos vivir sin ellas. Nadie ha pasado jamás ni un solo día sin un relato, nunca. La mente humana necesita de ellas, las emociones, los pensamientos, los sueños, los actos, todos son reflejos de esas historias, las que nos van configurando y dando pautas. Ellas nos crían, nos sostienen y nos acompañan. La red social está tejida de ellas. Nos encanta que nos sorprendan. Y aquí va un ejemplo.
Un día, dos padres, uno rico y otro pobre, llevaron a la cima de la montaña a sus hijos aún pequeños: el primero situándole donde pudiera ver bien, le dijo contento: Mira, un día de estos todo esto será tuyo.
El segundo, subió al hijo y asegurándose que viera bien, dijo feliz: Mira.
Siempre nos han atraído: es la base de cualquier arte; todos cuentan, todos son historias de luz, color, palabras, melodías.
Nos movemos entre narraciones, las de la calle, los amigos, los libros, el cine, las nuestras que inventamos... no sabemos vivir sin ellas. Nadie ha pasado jamás ni un solo día sin un relato, nunca. La mente humana necesita de ellas, las emociones, los pensamientos, los sueños, los actos, todos son reflejos de esas historias, las que nos van configurando y dando pautas. Ellas nos crían, nos sostienen y nos acompañan. La red social está tejida de ellas. Nos encanta que nos sorprendan. Y aquí va un ejemplo.
Un día, dos padres, uno rico y otro pobre, llevaron a la cima de la montaña a sus hijos aún pequeños: el primero situándole donde pudiera ver bien, le dijo contento: Mira, un día de estos todo esto será tuyo.
El segundo, subió al hijo y asegurándose que viera bien, dijo feliz: Mira.
sábado, 9 de marzo de 2013
Cafés compartidos
Cafés,
conversaciones, humo, palabras, risas, paseos. Vidas que se encuentran,
momentos inmortales que construyen la base para nuevos cafés,
conversaciones, risas, paseos.
Unos vienen, otros se van, a veces
para siempre, y aún así en esa ausencia, nunca acaban de desaparecer.
Encuentros fortuitos, lazos fuertes, relaciones superficiales, amistades
imprescindibles, gente. Y nosotros mismos somos gente para la gente,
siendo parte de ella. Nuevas experiencias que nos sorprenden porque
podrían habernos ocurrido a nosotros, abriéndonos los ojos a
cirucunstancias lejanas a las nuestras. Atentos, no queremos perdernos
palabra, risa, sorbo, paso.
Compartir, engañar a la soledad,
buscar la compañía de los que nos son gratos. El cosquilleo agradable
del encuentro previo, la sonrisa que se nos escapa al vislumbrarlos de
lejos, la risa franca en el encuentro. Maravillosa sensación estar a su
lado. Hay personas especiales que nos tocan todas las cuerdas; que
hermosa melodía. Que especial te sientes. Qué difícil encontrarlas, no
hay tantas, pero cuando sucede, lo sabes. Esa risa tras ese café,
rodeada de humo, sorbiendo las palabras que surgen del eco de los pasos,
en ese paseo que ahora es eterno, estar bien, completo, feliz. Dando un
paso detrás de otro, compartiendo el mundo que te ofrece, que ofreces.
Nada más intenso. A veces, doloroso.
Necesidad de saberte parte
de alguien, de ser alguien para alguien. Sin eso, que vacío, que
tristeza se arrastra a lo largo de los días, de la vida.
jueves, 7 de marzo de 2013
Espíritus
Los
seres fantásticos, tanto los que nos asustan como los que nos acompañan y
ayudan, a pesar de cambiar de apariencia según las culturas o las
épocas, se mantienen igual en el fondo: son seres que llegan a donde no
llegamos, saben lo que apenas intuimos y nos dan esperanza. La esperanza
de que lo mortal no es lo único posible.
Los fantasmas nos
muestran el otro lado, las meigas preparan las pócimas que allanarán
caminos, las hadas nos protegen, los monstruos nos dan poder sobre la
muerte al vencerlos, ya que no hemos creado a ninguno invulnerable; para
eso está el ajo, el sol, las estacas, las balas de plata, la tierra
sagrada, el agua bendita. No somos tan tontos, si ideamos un Mal
buscamos la forma de neutralizarlo, de encontrarnos poderosos con
nuestros pobres recursos, como los niños al jugar en algo peligroso que
siempre tienen establecido un punto seguro, uno en el que eres
invulnerable.
Necesitamos saber que no slo estamos acompañados
más allá de lo terrenal, sino que somos más libres que lo dispuesto por
las circunstancias que nos acotan. Para eso existen los fantasmas; nos
muestran esa dimensión necesaria para proyectarnos fuera de nuestro
miedo básico: No sobrevivirnos.
martes, 5 de marzo de 2013
Deseos
Se dice
que hay que tener cuidado con lo que se desea, porque puede llegar a
cumplirse. De niña esa frase siempre me inquietó; si se anhela algo, es
precisamente para que se cumpla, pensaba yo. Y ahora, entiendo algo
mejor lo que quería decir semejante contrasentido.
Es verdad, a veces, que el sueño realizado, no es lo que se pensaba; la realidad siempre es bien diferente a lo ideal, en la imaginación, pocas veces, se ven los inconvenientes de lo largamente acariciado. Y los tiene.
Es verdad, a veces, que el sueño realizado, no es lo que se pensaba; la realidad siempre es bien diferente a lo ideal, en la imaginación, pocas veces, se ven los inconvenientes de lo largamente acariciado. Y los tiene.
Aún
así, sigo prefiriendo soñar y luchar por alcanzarlo, que no tener nada
por lo que pelear. La motivación que da ese intento, la culminación de
ese deseo es tan grande, tan arrolladora, que vale la pena arriesgarse a
que su final no sea, en absoluto, el que se pensó tantas veces, de
tantas maneras diferentes. La realidad ya se encarga de ir moldeando la
idea pura, adecuándola a la vida real, y si sigue en pie, hay que ir a
por ella.
Es verdad que cuando llega lo tantas veces acariciado,
no es cómo se pensó ni viene en el momento correcto. Las circunstancias
no son favorables, o los pasos ya van en otra dirección, o simplemente,
ya es tarde para que lo podamos disfrutar como lo hubiéramos hecho
cuando se comenzó a caminar en su búsqueda. Pero peor habría sido ni
haber dado el primer paso.
A pesar de arriesgarse a encontrarse
con ese sueño donde nunca se imaginó que podría estar, es bueno toparse,
aunque sea de bruces, con él.
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