miércoles, 31 de marzo de 2010

Vacaciones

El otro día subí en un ascensor con una señora toda indignada, se le notaba en la cara, en los gestos, en la manera de moverse. Me miraba como queriendo transmitirme su disgusto, luego se giraba y murmuraba para sí. Yo esperaba. A la altura del tercer piso, no pudo más y explotó. Se dirigió a mí como si me conociera de toda la vida y expuso con enfado lo que le había sucedido: "Y mira como es la gente, sólo que preguntan "¿Y a dónde vais este año de vacaciones?" Y yo les digo que no nos vamos, que no solemos irnos, y ellos me miran con compasión y dicen "ya, la crisis, ¿no?". ¡Pues no, ni crisis ni nada! -su irritación ya había sobrepasado el quinto piso-, a mí nunca me ha gustado irme de vacaciones en época de vacaciones, yo me voy cuando me da la gana y sí me da la gana". Respiró agitada, cogió la bolsa que había dejado en el suelo y quedó callada hasta su destino. El ascensor paró, se despidió de mí y ya más relajada antes de cerrar la puerta me dijo, "Gracias, es que la gente no sabe, no sabe nada" y ahí se quedó, más tranquila que como empezó el viaje, eso sí.

Y es verdad, la gente no sabemos nada.



martes, 30 de marzo de 2010

Planificar

Pocas veces suceden las cosas como uno las había previsto, pocas por no decir ninguna. Y aún así nos empeñamos en anticipar, en planear lo implanificable, intentamos controlar lo imposible.
Supongo que es una manera de creernos que nuestros sueños dependen de nosotros, y no es así; ellos sólo son nuestros mientras los ideamos, cuando se trasladan a la vida real, dejan de serlo inmediatamente; ahí nos ponemos en manos del azar, los demás, las contingencias, los imponderables: el sueño se evapora en la realidad, luego ya lo recuperaremos, volverá a nuestro mundo, en forma de recuerdos, entrará a formar parte de la imaginación, pues nunca, lo que rememoramos, es real; meros jirones de lo que sucedió, y al no serlo, es nuestro por completo de nuevo.

Sucede a menudo, que además lo que queremos no suele ser lo que nos pasa sino algo que ni soñamos y, a veces, no siempre, es hasta mejor de lo que pudimos imaginar.
La Vida nos vive y nuestra obligación es intentar vivirla a Ella con todos los medios a nuestro alcance, incluido el creer que si planificamos, lograremos algo. Yo prefiero la voluntad de hacer a planificar.

lunes, 29 de marzo de 2010

Cambiamos continuamente

Hay sucesos en la vida que nos marcan un antes y un después.
En ese momento, a veces, intuimos que algo nació o murió delante de nosotros, que nada será igual a partir de ahí. Otras, es sólo al sentir que el día a día no marcha como siempre, cuando investigamos y nos ponemos delante de lo que nos rompió el preacario equilibro, situándonos antes ese inciso vital que nos separó de nosotros mismos, otra vez; la rutina tendrá que amoldarse, los pensamientos mudarse, los sentimientos reagruparse: volver a instaurarnos en las horas.

Al final, da igual que lo que nos trastocara nuestro mundo fuera bueno o malo, hemos de asimilarlo, renacer, entendernos con ese nuevo cambio, amoldarnos a esa molestia que vino a irritarnos la comodidad. Hacerla perla.

Nunca somos del todo los mismos, nuestra actividad diaria puede serlo, pero jamás nosotros, aunque sólo seamos conscientes de esa desigualdad interna cuando algo viene a arrojarnos a ese vacío que se nos viene encima ante la pérdida de la seguridad creada para creernos que siempre somos los mismos.

sábado, 27 de marzo de 2010

Incomprensible si se toma en serio

Cuando se es niño se juega a ser adulto, imitamos lo que vemos de ese mundo inalcanzable, adoptamos las actitudes de quienes nos rodean, tratamos de comprender gestos absurdos a nuestros ojos y los realizamos con la seguridad de dominarlos. Sólo que cuando crecemos y vamos avanzamos en el conocimiento de las reglas del juego, nos creemos en serio que las entendemos, que estamos dentro de ese mundo emulado, con el agravante de que ya no es ingenuo imitar para intentar entenderlo, asimilarlo, es más bien peligroso.
Y aquí estamos; en un lugar incomprensible.
Creo que tampoco hemos desentrañado demasiado bien ese mundo tan complejo que es vivir. De niños mimetizábamos el entorno, de adolescentes la rebeldía venía a cubrir el tramo entre crío y adulto, pero una vez en el otro extremo, vemos que no tenemos dónde refugiarnos; seguimos sin entender nada, con el agravante de no poder jugar a vivir en él, con una rebeldía que ya nos viene pequeña, y sumergidos en un mundo social, laboral y estructurado del que poco o nada sabemos.
Yo opto por no acabar de creérmelo, conservar la distancia de antes y procurar no dejarme atrapar en esas redes pegajosas que nos indican cómo ser, cómo comportarse según unos cánones que nadie acaba bien de entender. Intento pasar los días creyendo que aún puedo ser yo quien decida, que no me decidan, en lo que pueda.
Por eso escribo, por eso sueño, por eso espero, por eso sigo.

viernes, 26 de marzo de 2010

Esperar

Es fácil entender las cosas una vez sucedidas, ahí ya se tienen, no sólo todos los datos, sino los resultados. Lo complicado es entender qué está pasando mientras ocurre con toda la incertidumbre de algo sin final.
Se puede prever, incluso intuir, pero no saber. El riesgo es el único compañero, dependiendo de la clarividencia de cada cual, o su capacidad de deducción, es posible ver una opción más claramente que otra, pero aún así, hay que saltar al vacío. Y cada uno ha de dar su propio salto, no es lícito ni empujar a nadie ni retenerlo, como mucho, si se quiere, esperarlo con una toalla y una sonrisa por si quiere salir.

A nivel social ocurre igual; no se puede saber cómo va evolucionando nada hasta que el tiempo que se quiere analizar da paso a otro, entonces variables y conclusiones se discuten y se crean perfiles, explicaciones a-posteriori, razones obvias..., pero claro, a toro pasado, y aún con todo eso, en muchos tramos de la historia se es incapaz de entender claramente cómo fue para que pasara lo que sucedió.

Pero lo que sí está claro es que estamos sumergidos, individual y colectivamente, en una época de la historia, la nuestra, que dará que hablar a los sociólogos, historiadores y filósofos del otro cachito del tiempo, porque algo no acaba de funcionar del todo. No sé qué se está dejando detrás, porque sólo se sabrá cuando sea historia, pero espero que algo estemos dejando. Al menos que este individualismo feroz, este hedonismo social, esta falta de norte generalizada marque algo hermoso, que no se convierta en el humo sin fuego que parece ser.
Sólo el tiempo nos dirá qué hacemos haciendo lo que hacemos ahora.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Volver

Reencontrarse con alguien siempre es maravilloso. Hay reencuentros en los reencuentros, personas que significan mucho para uno y que nunca, a pesar de no verlas, nunca han dejado de estar ahí. Los hay que se les ve de vez en cuando y el día que se puede uno sentar a su lado, brilla. Hay quienes el contacto retomado es sólo por letras o voz apresada en teléfonos, ya que la distancia lo impide, pero la cercanía de escuchar, de leer sus palabras, es quizá aún más íntima, porque al no verlos, les recordarmos como eran cuando se empezó la amistad, y la ilusión de su presencia es atemporal.
Nunca dejamos de reencontrarnos con ellos, son quienes nos devuelven quienes fuimos, nos vemos a través de sus ojos y se encuentran en nosotros. Gente a la que queremos a pesar de habernos bifurcado.
Verte en la mirada de quienes nos vieron es siempre emocionante, alegre. Puede que ese momento vuelva a tardar, que ya no haya ocasión, en tiempo, de compartir tiempo, pero eso da igual, estamos ahí, siempre.


martes, 23 de marzo de 2010

La decisión


“Hijos míos os he reunido hoy porque he decidido que ya está bien, que tengo casi ochenta años, que vuestra madre me dejó hace ya veinte, que a tres de vosotros los he tenido que enterrar. No me queda nadie. Sí, no me contradigas, Engracia: nadie. Vosotros no sois lo mismo ni los nietos ni biznietos tampoco. No pongas esa cara Magda, que es verdad, no es que no os quiera, que os quiero, es que estoy solo. He vivido mucho. He visto demasiado y no quiero pasarme el resto que me queda comprobando cómo voy perdiendo facultades día a día. Ahora, para mí, veinticuatro horas es un año, de lo lento que se mueven. El café que me trae Macarena para desayunar, inaugurando que ya son las seis, me marca el hito entre la larga noche de insomnio donde me la paso reviviendo una y otra vez cualquier suceso del pasado, y el día que me espera tan mortalmente tedioso. Me demoro en tomarlo porque hasta el siguiente gran acontecimiento del día aún queda. No tengo prisa en vestirme ni en salir a buscar el periódico en el que buceo horas sentado en el banco del parque hasta que se acercan los demás jubilados, para no decirnos nada nuevo, pero ya sabéis; la ilusión de la compañía. Hacia el final de la mañana nos vienen a buscar por turnos; algunos la parienta, otros los hijos, los demás las mujeres que trabajan cuidándonos. No, no es un reproche, María Antonia. No lo es. Yo fui el primero que no quiso irse a vivir con ninguno de vosotros, yo quiero mi casa con sus recuerdos, mi intimidad, me niego a tener que vivir como un refugiado y ser testigo a la fuerza de vuestros problemas domésticos, o amargar el poco tiempo feliz del que dispongáis con mi presencia. Y no llores ahora, Magda, que hay que ver que blandita eres. Pues eso, me habéis desconcentrado. ¿Por dónde iba, Juan, hijo? Ah, sí, pues lo dicho. Que me planto. Que ya no quiero vivir más. Que cuando os marchéis de aquí me meteré en la cama y de ahí ya no me sacaréis hasta el entierro. Podéis hasta despedir a Macarena porque no pienso ni comer ni nada. Aunque ahora que lo pienso, mejor que no, al menos hasta que no consiga otro empleo. No me vengáis con discusiones ni con rezos ni traigáis al médico ni cuchicheéis, que os lo oigo todo. Ni estoy demente ni se me va a convencer de lo contrario. Así que, ale, todos a casa. Daos por despedidos y que sepáis que si no tomé esta decisión antes fue por lo mucho que os quiero. Pero ahora, lo siento, voy a pensar en mí”. Y se metió en la cama.