sábado, 8 de enero de 2011

Cautos pero no atados

Siempre se está entre dos extremos, se intenta no caer en cualquiera de los dos, procurando que no nos atrapen, manteniendo el equilibrio con esfuerzo. A menos, que deliberadamente, se quiera inclinar la balanza hacia uno de ellos, aprender del negro, o del blanco, y no pasearnos por el gris.
Se tiende a preferir uno de los dos puntos opuestos, pero no por eso, el enfrentado deja de intentar atraernos. Y nosotros intentamos esquivarlo, y esa lucha continua, a veces nos agota y nos empuja a donde no queríamos ir.
La vida nos la juega, siempre, estés en el punto en el que estés. Ya se apaña para darle a todo la vuelta, así, que con las mismas, no le prestemos demasiado caso y si se pasa con nosotros, procuremos hacer igual con ella, que no hay que tenerle demasiado miedo, que hagamos lo que hagamos, igualmente, terminará como suele, dejándonos sin ella.

viernes, 7 de enero de 2011

Nadie dijo que fuera fácil

Es muy difícil vivir como uno quiere.
Has de luchar contra todo aquello que lo impide. Decidir lo que va con uno y lo que se le impone contra su voluntad. Se ha de ir abriendo paso a través de convencionalismos, necesidades, obligaciones reales, obligaciones adquiridas, y por lo tanto, desechables, la entropía diaria y la voluntad de hierro que nos mantiene cerca de lo que somos, de quienes queremos ser.
La lucha de cada día, el mantener el sueño vivo, el esquivar los actos necesarios de los deseados, el adentrarse en las cosas como si dependiera de nosotros realizarlas, el creer que se puede lograr, el tener la paciencia de creer que se puede lograr, el seguir adelante aun sin resultados durante mucho tiempo. Eso es ser quien quieres ser. El no rendirte ante sucesos que otros dictan y proclaman como verdades inamovibles, en las que leen, como si fueran posos del té, que tú no lograrás jamás lo que, desde dentro, hace que te muevas.
Pues bien, aunque no se logre, se ha de intentar, cada día. Porque en el mismo momento en el que hagas caso y veas la realidad como inamovible, has perdido la entrada a tu propia dimensión.
Es difícil serse fiel pero es más triste traicionarse.

miércoles, 5 de enero de 2011

Noche de Reyes

Esta noche es para los niños. Los que fuimos, los que nos rodean, los que crecen a nuestro lado.
Es la magia de creer en el bien y el mal, en la necesidad de no sabernos solos, en la espera nervioso y dulce de los deseos, en saber que se cumplen.
Es la noche que nos dará las fuerzas para cuando sepamos que el bien no vence al mal, necesariamente, ni que las ilusiones siempre llegan, y para cuando ya sepamos que la soledad es parte de la compañía y que los nervios no tienen el poder de traer regalos, seguirá ahí.
Es la noche de Reyes la que nos hizo creer, y hacemos que la crean, porque se ha de aprender a soñar para cuando despertemos.

martes, 4 de enero de 2011

Febril

Cuando se tiene un poco de fiebre y malestar, el mundo da más vueltas de las normales ante uno. Las cosas se deforman en tamaño y cuesta todo mucho más esfuerzo, el sueño nos atrapa y nos presenta imágenes oníricas vívidas y absurdas que nos aplastan contra la almohada y nos hace sudar.
Lo que nos rodea cobra vida, a veces, amenazante, otras, indiferente, pero la percepción, los sentidos, saltan a la mínima y las ideas, que ahora parecen geniales, cuando la fiebre baje y las leamos sin ella, veremos que solo son deformaciones de los reflejos ya de por sí distorsionados.
Pero ahora, son hermosas.

lunes, 3 de enero de 2011

Opciones

La gente suele tener miedo de los sentimientos, da igual que sean positivos o negativos; les temen.
Sí, la gente se asusta igualmente tanto de la felicidad como de la tristeza, no sabe qué hacer con la melancolía ni con las risas. Se desbordan.
Las emociones son eso, algo que no podemos controlar, que nos invaden, nos inundan y luego se marchan dejándonos solos, intentando recordar cómo eran, cómo nos hicieron sentir. Son grandes oleajes que chocan contra las rocas de nuestro ser. Y sí, las tememos, se prefiere lo controlado, lo conocido, aquello con lo que hemos aprendiendo a mantener el equilibrio.
Y desde luego las emociones, todas y cada una, son lo que se quiera, menos equilibradas. Nos pasan por encima, nos venga bien o mal.
Solo tenemos dos opciones: disfrutar de ellas en el momento en el que nos suceden o no. En ambos casos se irán igualmente, abandonándonos como una resaca, pero con la primera elección, al menos, habremos estado a la altura del sentimiento, habremos sido espuma y choque contra nosotros mismos a la vez de ser contra quienes rompían.
La tristeza, la pasión, la melancolía, la rabia, el miedo, la esperanza... todas ellas nos vienen a despertar, a sacudir, a hacernos pensar, vivir, soñar, sufrir... y qué es vivir sino eso.

domingo, 2 de enero de 2011

La puerta

Ahí está la puerta.
Andar el trayecto desde la estación, mirar sin querer hacerlo, reconocer a pesar del tiempo, todo lo que ve, le sume aún más en un estado negro al que no quiere prestar atención: dijo que iría y aquí está, si le asquea el camino que pisa, lo que le contempla desde la inmovilidad, los recuerdos agrios, rancios, enganchados a cada detalle del camino, se aguanta: dijo que iría y aquí está.
El trayecto en el autobús lo intentó pasar durmiendo, pero daba igual no mirar por la ventanilla, sus ojos, aun cerrados, veían el paisaje, la memoria aún cerrada, recordaba los detalles. No debía haber dicho que sí. Su presencia era tan solo un trámite casi absurdo, o si lo pensaba bien, peligroso, por lo que tenía de poder sobre él. Su voluntad, una vez más, se había doblegado bajo ese cúmulo de chantajes en apariencia inocentes, que siempre a punto de desbordarse en lágrimas lo ataba con una fuerza invisible, pero real.
El camino que jura una y otra vez no recorrer, las personas que tras la sonrisa gélida del recibimiento, las palabras hirientes que en bocas supuestamente amigas van subiendo de tono en ofensas y daño, el ambiente asfixiante que inmediatamente lo atrapa, le recuerda por qué no habría de haber vuelto, están ahí. Ante la puerta y detrás de ella.
Ahí está la puerta.
Ahí está él. Una vez más.
Se acerca al timbre, deja la maleta en el suelo. Escucha los pasos, los revoloteos que se acercan desde ese interior al que no quiere entrar.
Se abre la puerta.
Solo está la huella, en la nieve, de unos pies que decidieron dejarla atrás.

sábado, 1 de enero de 2011

Ritos

La renovación es un rito importante, protagonista en culturas ancestrales y que aunque desde esta materialista nuestra se desvirtúe un tanto, sigue presente.
El despedir un año para saludar bien al siguiente, es un ademán que hacemos, aún sin fe, pero por si acaso.
Las supersticiones, que solo son las sombras de normas férreas antiguas, nos susurran bajito para que cada cultura a su modo, nos dispongamos a cerrar y abrir bien el Tiempo.
La despedida del año es mágica, sé de algunas costumbres, todas hermosas, como comer las doce uvas en cada campanada (que antes debían ser seis verdes y seis moradas), pararse a cada toque de campana, poner dinero en el zapato mientras suenan las doce, llevar ropa interior roja, o amarilla, comer una cucharada de lentejas en el primer minuto del año, cogerse del brazo del compañero más cercano y cantar a la vez todos los presentes, colocar dos patatas bajo la cama, una vieja, otra nueva, y al despertar coger una al azar para, dependiendo de su textura, saber si se van a cumplir o no, las expectativas puestas en el año...
Lo importante es despedir los espíritus de ese año agostado para invitar bien a los nuevos, a los que nos han de acompañar estos trescientos sesenta y cuatro días...