lunes, 12 de marzo de 2012

Falsas añoranzas

Por mucho que se desee volver atrás, vivir de nuevo los recuerdos de lo que fue, de esa amistad, pareja, ciudad, es un error.
Pocas veces, gracias a los cielos, se regresa. Es preferible saborear los momentos de añoranza que comprobar, angustiado, que no es lo que era. O peor aún: nunca lo fue.
La memoria retiene lo más hermoso, normalmente, idealiza y nos da ese regalo que empaqueta como recuerdo, nos permite repasarlo, que lo adornemos, desvirtuándolo aún más. Pero la realidad es más cruda. No engaña. Muestra.
Y si tenemos la desgracia de asistir al pasado, después del choque contra lo que pensamos que fue, hemos de recoger los trozos para quedarnos con algo, para recuperar esos momentos que nunca fueron.
Porque nunca fuimos como nos recordamos.

viernes, 9 de marzo de 2012

Contraste

Jamás la realidad es remotamente parecida a como se soñó. Y ningún sueño despierta igual que empezó.
Cuando pensamos en lo que será, nos olvidamos sistemáticamente, que las cosas no van solas, sino en conjunto y un virus es compatible perfectamente con tener que agradecer un premio, y una alegría se puede diluir porque a gente cercana le ha sucedido algo desagradable. Un día solo es el cúmulo de circunstancias que lo rodea, que lo ha estado rondando.
Por eso, los grandes acontecimientos nunca son tan redondos como se piensan desde el sofá, donde no se contaminan con los hechos.
Y por eso, lo mejor de la vida, es lo que sucede, lo chico, lo que vas coleccionando con los pasos, con las horas que recorremos. Incluidos los sueños de un gran día.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Cimas

Detrás de un éxito lo que hay es esfuerzo, ilusión y suerte. Y no es más importante que todos los pequeños fracasos, desesperanzas y luchas que lo han hecho posible.
El empujar cada momento el peso de la magia del deseo es lo que le da luz, y evita perder el camino, uno que no para de dar vueltas y desviarse de la ruta principal. Qué difícil es no perder la senda que casi nunca está enlosada con ladrillos amarillos, que no tiene señales ni indica lugar de destino. Solo la esperanza, el trabajo diario lo marca.
Da igual la meta, lo importante es tenerla y perseguirla.

martes, 6 de marzo de 2012

Acechos

Lo cerca que se pasa al lado de las desgracias.
Casi siempre solo nos rozan; un coche que maniobra tan cerca de ti que te vuela la ropa, un tropiezo que te habría precipitado escaleras abajo, una tapa de alcantarilla medio rota vista a tiempo y salvada, un golpazo de manillar que te evita una caída grave... cientos de ejemplos que vienen a confirmar que aún se te quiere entero.
Pero al contrario también sucede, cuántas veces, al explicarnos alguien el accidente tonto ese, cuando se rompió una pierna o aquel otro que lo dejó casi muerto, nos damos cuenta de que tampoco tiene lógica ninguna: No se sabe por qué los accidentes acechan a diario y algunas veces logran su propósito y otras no.
Lo llaman, azar, o no era tu hora, o destino, o lo que quieran, pero nadie sabe aún el porque de esas amenazas reales emboscadas por las esquinas de la vida cotidiana.
Puede que sea simplemente la cuenta atrás.

lunes, 5 de marzo de 2012

Desde dentro

Cada nota tiene un color, cada color se puede asociar a una emoción que a la vez se puede asimilar a una situación. La física nos trae lo intangible, nos dibuja la melancolía sonando en tono menor, en grises azulados, con olor a niebla reflejada en lagos plateados; la ira, de acordes aumentados, roja, veteada de terribles tonos negros, oliendo a furia, a ruido; la alegría, en contrapunto, brillante, suavizada por matices verdes, amarillos, ocres, impregnando el ambiente de olor a yerba fresca, a rocío tímido.
Lo interno, lo inexplicable, lo que sentimos y no sabemos definir, nos invade, necesitamos de lo externo, de su explicación, de entendernos y concretarnos. Si nos observamos, si vemos lo que realizamos o cómo, tendremos la expresión física de lo que nos remueve por dentro, en todo; los pasos al andar, más firmes o torpes o quedos; la letra, más suave, redonda, picuda..., lo que hacemos nos informa de nosotros mismos, de esas emociones que nos invaden, siempre, aún cuando no lo sintamos. No solo cuando se nos desbordan están ahí. Nos acompañan, nos guían, nos indican que vamos bien o mal o no vamos.
Hay que estar atentos a lo que nos sucede, abservándonos ser, sintiéndonos movernos, comprendiendo a cada momento qué color, qué aroma, qué armonía tocamos.

sábado, 3 de marzo de 2012

Espacios

De un espacio a otro no hay tanto.
Aunque en el traslado te llevas contigo, solo cambia el escenario. Eres más tú, quizá, fuera de tu propio ámbito. Has de moverte en un entorno diferente al acostumbrado, te pones a prueba. Es todo un reto.
Otro tiempo, otro momento, diferentes calles, idiomas, gentes. Visitar en horas, lo que antes constaba días, meses. Ir alegremente a lo que antes se enfrentaba con susto, y testamento hecho, es una de las ventajas de la técnica. Magia: ahora aquí, ahora allí.
Aún así, a ti no te dejas, solo abandonas, por un tiempo, la rutina diaria, para al llegar, adornarla, mejorarla y soñar con el siguiente espacio, lejos de todo, menos de ti mismo.

jueves, 1 de marzo de 2012

No solo se respira

Un día cualquiera, normal, como todos, puede dejar de serlo de inmediato. Un accidente, un encuentro, una novedad, un giro insólito que ataca directamente la rutina, agitándola y despertándonos. Que el suceso sea bueno o malo es independiente, con que sea inesperado ya cumple.
A partir de él, se crearán nuevos movimientos, desajustándolo todo; horarios, ideas, sentimientos, acciones, pensamientos. Nada quedará indiferente, hasta que de nuevo, la normalidad lo suaviece, limando los cantos de lo extraordinario hasta que se domestique, sea manejable.
Lo bueno está en que no se necesite de un acontecimiento, feliz o no, que venga recordarnos lo que tenemos, que esa rutina no llegue nunca a ser una losa, que las horas no se repitan, que las pequeñas cosas se encarguen de diferenciarlas, recuperando esa capacidad infantil, incansable, de sorprenderse siempre con lo mismo, porque un niño jamás ve nada igual. Saben que cada piedra del camino cuenta una historia y que si las sabes escuchar, nunca es la misma.
Es convocar conscientemente el asombro, el descubrimiento y la añoranza que teníamos, o tenemos, cuando las circunstancias nos eran, o nos son, novedosas. Intentar ver lo viejo como nuevo. Las personas sentenciadas por una enfermedad mortal e inminente, apuntan que aquello que despreciaban por habitual ahora lo encuentran de lo más excepcional, ven lo que habían dejado de mirar. La vida.
Uno se habitúa solo a respirar y quizá eso sea el problema.