miércoles, 19 de marzo de 2014

Parar

Días bulliciosos donde lo urgente quita tiempo a lo importante, donde atravesarlos es un reto casi heroico, donde sobrevivirlos una meta utópica; días repletos de actividades, acotados por el reloj, enmarcados por necesidades impuestas.
Qué banales son.
Hay lugares donde la vida se toma de otro modo, no con calma, sino con la conciencia de que se está vivo, que respirar y mirar y hablar o callar es más importante que hacer lo impuesto desde cotos ajenos.
A veces se ha de parar aunque el mundo se nos caiga, porque si no, quienes caen somos nosotros, en la vacuidad.

viernes, 14 de marzo de 2014

Bullicio

Desde un rinconcito se ve bien el mundo, al menos, se observa. 
Los ancianos tienden a asomarse a los balcones de sus casas, sobre todo ellas; pararse quietos, acodados en la barandilla, atentos a ese ir y venir del trasiego humano, donde quizá estuvieron mezclados de jóvenes, o puede que más tarde se unan a él para pasear, sentarse en los bancos o conversar con amigos que también dejaron su atalaya para distraer las horas un ratito, pasando a ser observados desde otros rincones, desde otros ojos.
Ver la vida moverse, bullir, habría de ser una de las ocupaciones diarias para entendernos cuando entremos en ella, cuando sintiéndonos atrapados en sus prisas, sepamos ralentizar y sentirla. 

miércoles, 12 de marzo de 2014

Solo una vida

Qué poco tiempo para hacer todo lo que uno desearía, no da para nada; qué limitaciones tiene esto de vivir y qué de contradicciones: cuando menos tiempo tenemos, más queremos, y al contrario.
Cuantos más libros leemos, menos sabemos; la curiosidad se nos despierta y nos lleva a constatar, cada vez, que por mucho que buceemos en lo que nos intriga, siempre hay algo que se nos resiste, que no aprehendemos, que nos falta: un enlace nos lleva a otro y ese a otro más, de un lugar iríamos a otro sitio y de este a aquel de allá; las ganas de saber, de entender, de conocer, de investigar, de soñar son infinitas porque siempre hay algo más.
Pero solo si se busca, si uno se molesta en usar la mente, si decide pensar por sí mismo, si quiere conocer lo que pasó antes de uno y lo que sucede ante uno, ya sea cerca o lejos: qué abanico infinito posee lo finito. 
Qué desperdicio tener solo una vida.

lunes, 10 de marzo de 2014

Consenso

Este mes, de nuevo, manipularemos el tiempo; los relojes marcarán otra hora, nos situaremos más cerca del sol, oscurecerá igual, pero en nuestra apreciación, se hará de noche más tarde. Qué fácil parece así mover el Tiempo, es solo cuestión de ponerse de acuerdo. Aquí no valen opiniones, se pueden tener, claro, pero acatando la orden. Se trastocan las manecillas y punto. Como con los semáforos, en rojo paras, o las consecuencias son tan obvias que nadie cuestiona el no hacerlo.
Es triste que solo nos pongamos de acuerdo en normas tan básicas, en aquellas en las que ir en su contra nos perjudica: no se puede ir una hora, antes o después, desacompasado con el resto; no se debe tentar la suerte con los colores del tráfico...
Pero en cosas más vitales, importantes y trascendentes, las opiniones nunca se aunan; solo marcan más las diferencias.

viernes, 7 de marzo de 2014

Cuenta atrás

Lo cerca que pasan de uno las desgracias, a veces, y sólo le rozan; un coche que pasa tan al lado que te vuela la ropa, un tropiezo que de haber perdido el equilibrio te hubiera precipitado escaleras abajo, una tapa de alcantarilla medio rota vista a tiempo y salvada, un golpazo de manillar que te evita una caída grave... cientos de ejemplos, que vienen a confirmarte que aún se te quiere entero.
Pero al contrario también sucede, cuántas veces, al explicarnos alguien el accidente tonto de tal cuando se rompiera una pierna o de cual que lo dejó casi muerto, nos damos cuenta de que tampoco tiene lógica ninguna: No se sabe por qué los accidentes acechan casi a diario y algunas veces logran su propósito y otras no.
Lo llaman, azar, o no era tu hora, o destino, o lo que quieran, pero nadie sabe aún el porque de esas amenazas reales que acechan por las esquinas de la vida cotidiana. Puede que sea simplemente la cuenta atrás.

miércoles, 5 de marzo de 2014

Solos

Cada vez nos comunicamos menos, pero no entre los demás, que también, sino con nosotros mismos. 
No nos dejamos ni un solo segundo a solas, nos negamos a entrar en esa zona donde viven los pensamientos, evitamos sentir que sentimos, luchamos contra la propia opinión, de tal suerte que ni pensamos ni sentimos ni creemos porque lo diluimos todo entre la excesiva información que nos buscamos, el miedo a sentir y la ignorancia para creer.
Nos hemos cerrado por pánico a experimentar sentimientos incómodos, por horror a indagar entre la información, por pereza para conseguir un pensamiento propio, por desidia ante el trabajo de la mente.
Estamos tan solos que ni con nosotros mismos nos comunicamos; solos entre cientos de mentes yertas.
 

lunes, 3 de marzo de 2014

Relato; 3 y última Parte; Libros

Todo podía haberse quedado en la anécdota de imaginarme quién lo hizo, pero esa noche, en vez de dejarme llevar por el libro, me la pasé imaginando la vida del profesor: alguien decepcionado con su vida, al que toda una juventud de esfuerzos le había dejado, no unos recuerdos con los que compartir las horas que le quedaban por llenar, sino momentos descarnados que le hacían reconocerse en frase tan real para él, tan anodina para cualquiera que no se sintiese triste, gris, pobre y jubilado de maestro.
 También pensé que si iba a la biblioteca, ahora que sus horas dependían de él, su vida no podía ser ni tan gris ni tan triste: disponía de todo el tiempo para sumergirse en esos libros a los que no pudo dedicar sus tardes cuando era más joven, cuando las horas nos viven y no al revés. Ahora todos los libros querrán elegirlo.
 Después pasé a intentar imaginar su aspecto; quizás fuese correctamente vestido, de oscuros, puede que un bastón le ayudase, seguro que era de modales impecable y dejaba que su mirada se alejase del presente, ensimismándose en otros recuerdos. Su carácter debía de ser irritable y su paciencia poca domada: seguro que los niños y él pasaron un infierno juntos en el aula. No recuerdo cuando me dormí y pasé, de pensar a soñar.
A la mañana siguiente, me desperté cansada, miré el reloj desorientada, intentaba hilvanar  jirones de un sueño que aún estaba fresco, pero como ocurre cada vez que se le intenta retener, se me iba esfumando, vaciándose de contenido y lógica. Siempre me ha sorprendido la viveza de las imágenes oníricas, sin entender del todo, cómo puedo verlas sin mirarlas, desde dentro del recuerdo de su luz, con sus propias leyes físicas.
La cuestión era, que lo que había soñado, me cambió las expectativas del día, y de todo, desde aquella mañana.
Me fui a la biblioteca, pero no a por libros, sino a por los que los leen. Mi tiempo tenía sentido.
Tenía que encontrar al maestro triste y gris. Al hombre obsesivo del doble triángulo.
Tenía que coger más libros, leer en ellos las pistas de sus anteriores lectores; deducir su carácter, su aspecto, sus anhelos, inquietudes y vidas. Buscarlos entre las estanterías, deduciendo, por cómo trataron los libros, su manera de moverse, de vestir, de vivir. Comparándolos con los rastros que ellos mismos dejaron tras sus lecturas, escritos entre lo ya escrito, dejando sus manías y sus vidas reales entre las impresas, entrelazando lo mezquino con lo grandioso, renovando lo épico con lo diario.

Y desde entonces, aquí vivo: entre libros.