jueves, 31 de marzo de 2011

Reencuentro

La vida da muchas vueltas, muchas. Nunca sabes qué vas a encontrar a la vuelta de la esquina.
Una de mis mayores sorpresas esta temporada, ha sido reencontrarme con una amiga a la que vi hace años, y admiré desde entonces, cantante sensible y actriz estupenda, coincidimos en el mismo tiempo y espacio de nuevo ante la prosaica oficina del registro de la propiedad intelectual, ambas teníamos nuevos proyectos. Me acerqué tímidamente a ella para recordarle el encuentro, muy lejano, en una mesa de grabación. Desde entonces he tenido el placer de que me acogiera y compartiera conmigo su talento, su mundo, sus sonrisas y sus proyectos, entre ellos, uno que será común, si todo va bien.
Es maravilloso lo que te puedes encontrar dentro esos círculos mágicos de la rutina, que no lo es tanto, si se va con los ojos y la vida abierta.
Entre el desánimo de lo de siempre, nunca deja de haber un resquicio para lo posible.


martes, 29 de marzo de 2011

Fotos

Ver fotos propias o ajenas siempre es inquietante.
Si lo que muestran no lo conoces, te sumerges en ellas, observando sus imágenes, adentrándote por las calles nunca pisadas, mirando las gentes inmortales desde ese instante etéreo.
Puede que la fotografía sí la reconozcas, pero que el tiempo, tacaño, no la ha dejado evolucionar y te sea tan ajena como la que no has visto nunca, y mires rostros que ya no son así, solo reconocibles por las miradas, o calles que han cambiado en sus tiendas, topografía, en las modas de los escaparates.
Las fotos inalterables nos recuerdan que todo cambia, que nada queda atrás. Ni los muertos, ni lo desconocido, ni lo familiar. Ni nosotros.
Verlas es anticipar un futuro recordando un pasado, no tienen presente, solo el que se crea cuando las miramos; ese momento siempre renovado al ver lo eternamente estático.

lunes, 28 de marzo de 2011

Un paso

Nunca parar, nunca estarse quieto, sobre todo, cuando más quieto se querría estar. Cuando no sabes para qué moverte, o no ves el porqué de intentar nada, ahí, es donde más necesidad hay de hacer lo que sea; dar una vuelta, aventurarse por diferentes calles, nuevos barrios, distintas tiendas donde comprar lo de cada día, entrar donde nunca se había entrado. Lo que sea.
Y sí, seguramente, ni ese día ni el siguiente ni quizá el otro sucederá nada extraño, sí que se irá la apatía, eso al primer intento, pero con los días, cambiada la rutina, sucederán imprevistos. Es una verdad, casi axioma vital.
Nunca parar. Nunca estarse quieto. Nunca. Ni cuando no vemos motivo para adelantar ni siquiera un paso.
Hay que darlo.

sábado, 26 de marzo de 2011

Comenzar

¿Y lo difícil que es empezar de nuevo?, sobre todo, cuando se ha tenido que reinventar un principio más de una vez, cuando se anticipa el camino farragoso por el que se ha de pasar: dejar atrás lo que se creía firme, apartar recuerdos que solo lastrarían los pasos, sacudirse vivencias que no se quieren contaminar con la decepción del ahora ni con la ilusión, quizá excesiva siempre, del antes.
Ubicarse en el centro, buscar el equilibrio, no moverse mucho por los escombros para no dañarse, ni acelerar la nueva construcción para que no crezca torcida.
Hacer caso del instinto de nuevo, no cerrar ninguna puerta, a pesar de haber candado la que ya no se quiere volver a abrir, porque ya no hay nada.
Porque detrás no existe y no se puede vivir hacia ese lado. Aunque ahora parezca que no se puede vivir hacia ninguno, muy dentro sabemos que sí. Respiras, el cuerpo se mueve. Por lo tanto sigues.
Y a empezar; nuevos horizontes, nuevas perspectivas, aún cuando ahora no se vea más que el humo del polvo que deja cualquier estructura al derribarse.

jueves, 24 de marzo de 2011

Cotejar

Es curisoso cómo suele defraudar la realidad.
La de veces que hemos anticipado qué pasará y luego, al cotejarlo, no se parece en nada. O la de sitios que hemos conocido antes de pasearlos, para más tarde, reconocerlos lejanamente de las fotos vistas. O con cuántas ilusiones que nos han mantenido en vilo días y días y que al realizarlas, no ha sido lo mismo.
De niños es mucho peor, uno se puede pasar noches sin dormir, ansioso, esperando aquello que sea que nos ha hecho anhelarlo, y cuando viene, no es lo que queríamos, no es así del todo; nuestra capacidad de imaginar había desbordado el hecho en sí.
Al crecer vamos aprendiendo a calibrar mejor, nos acorazamos contra las desilusiones, vamos con chalecos antibalas a encontrarnos con los sueños.
Es triste, pero más terrible es chocar una y otra vez sin aprender.
El equilibrio está en soñar, seguir ilusionándote de nada, esperar lo imposible, pero no creer que será lo que piensas, solo que será, y así también te dejas sorprender por la realidad, que a veces, trae cosas hermosas, sobre todo, si no las comparamos con las soñadas. Ahí está el error. En la comparación. Nunca nada será como lo pensamos, sino como es. Y no es tan malo.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Unficación

Siempre, el hombre, ha intenado comprender lo que le rodea, desde la observación directa, se han planteado teorías que otros, en experimentos controlados, han querido falsar, por lo tanto, verificar.
Dependiendo de la fase histórica o de la capacidad del grupo social que se plantea las preguntas, se llega a una conclusión, más o menos veraz, o a otra. Que las cosechas crezcan porque le hermana lluvia esté a bien con el hermano sol, es una teoría hermosa, pero quizá un tanto precaria.
Nuestro mundo occidental, ha creído posible, plasmar el universo en números, ver la realidad, predecirla con fórmulas que cada X años, un nuevo enfoque venía a mejorar, desbancando al que estaba en vigor. A pesar de todos los que siempre están en contra del cambio, hay cambios, y la ciencia es ciencia porque no es inamovible.
Muchas teorías han empezado como leyendas, o pensamientos filosóficos, donde la imaginación ha podido romper cualquier frontera; Julio Verne llegó a la luna antes siquiera que cualquier científico quisiera pensar en la más remota posibilidad de planteárselo, y ahora mismo, hay un nuevo reto.
Se busca unificar las leyes del universo, de las cuatro fuerzas, del caos de la física cuántica con la calma de la ley de la gravedad general en una teoría para todo, en una solo ecuación que nos diga quiénes somos, qué somos, qué seremos.
Un sueño, que no tiene porque despertar mal.

lunes, 21 de marzo de 2011

Relato. 7 y último- LA CENA

Nadie había subido a ver a la madre, anciana inválida, que desde arriba se enteraba de todo, porque sus facultades mentales estaban intactas. No era la primera vez que era testigo de semejante sangría. Su mente estaba tan lúcida como maltrecho su cuerpo. Pidió a Elena, la sirviente, una chica dulce y educada que la cuidaba, que la incorporase un poco, y abriera la puerta para poder escucharles. “¡Ay, hija! De verdad que me apena que tengas que oír esto”. “No se preocupe, señora”. Y disimulaba, como si los que estaban sacándose los ojos no fueran carne y sangre de la anciana cariñosa y amable con la que pasaba las tardes, leyéndola, sacándola a pasear y aprendiendo de las anécdotas que ninguno de sus nietos quiso ser depositario. “Anda cierra ya. Aburren, siempre con lo mismo”. “Si”, “¿Quieres jugar un rato a las cartas? Con este ruido me será imposible dormir”. “Vale, buena idea. ¿a qué le apetece jugar?” “A la canasta, ¿quieres?” “Sí”. Y Elena, cerró la puerta, cogió la baraja del cajón de la mesita y empezó a repartir.
La anciana la miraba con cariño y respeto. Estaba tan a gusto con esa joven llena de vida, ganas de aprender; le había aconsejado estudiar y ella, ilusionada le preguntó si valdría, “Claro que sí, preciosa. Yo te ayudaré”. Y se matriculó, y entre las dos estudiaban para los exámenes, visitaban museos y cines.
“Qué cariñosa es -se decía, como muchas otras veces, cuando la observaba moverse, atenderla, estudiar concentrada-. Cuánto se va a sorprender, y no sólo ella, cuando se lea mi testamento y sepa que se lo dejé todo.”
“¿Tiene buena jugada, señora? No para de sonreír, seguro que tiene una buena baza y gana”.
“Seguro, no lo dudes, pequeña. Seguro”.