sábado, 10 de octubre de 2009

Azar

Las casualidades, qué son; ¿parte del juego del azar, piezas que va situando la vida? O no es más que eso, meras coincidencias que nos empeñamos en leer como señales casi místicas que nos van guiando en el enigma diario.

Es imposible decantarse porque incluso cada uno de nosotros, dependiendo del momento vital, cambia de opinión, saltando de una postura a otra, siendo casi imposible definirse. Pero más allá, lo cierto es que las casualidades existen. Es innegable, y no hace falta buscar demasiado para encontrarse con ejemplos casi a diario. Puede que las haya más o menos espectaculares, como salvarse de milagro de un gran accidente o por el contrario, caer de lleno en él.

Cuántas veces, gracias a miles de piececitas azarosas y sin sentido, a acciones anodinas y banales, hemos encontrado un propósito final en ellas, que nos han venido a demostrar que no eran meras piezas sueltas, sino el entramado de un final finamente labrado por situaciones disfrazadas de coincidencias.

Por supuesto, la siguiente pregunta que nos hacemos es la obvia: ¿Otro camino, otras circunstancias y movimientos, me habría llevado al mismo punto? Bueno, otra vez ante un dilema imposible de solucionar; no se puede recorrer el mismo camino dos veces, anulando temporalmente el primero de ellos. No hay manera de saberlo. No por ahora, dejando los mundos paralelos al margen.

Es verdad que a veces se ha rozado un final, vislumbrado apenas, que se guardó en la conciencia de manera confusa y que, otra vez por casualidades, se topa con él más tarde, recuperando nítidamente que casi se llegó a él en una ocasión perdida. Puede que esto conteste a lo anterior de un modo algo difuso, pero no tenemos nada más. Sólo esa intuición de que debería ir ahí, entrar en ese lugar, hablar con esa gente, y con una cierta urgencia y en un momento concreto.
Gracias a esa sensación imperiosa, a esas casualidades, la vida puede enriquecerse, ampliarse. Y da más o menos igual saber a ciencia cierta, si estaban ahí ya preparadas de antemano o no. Lo importante es el resultado, sin ellas nunca hubiera sido posible esa tarde tan agradable de ayer con gente tan estupenda, ni cientos de kilómetros recorridos con un gran amigo, ni horas de conversaciones y risas maravillosas con otro.

¿Casualidades? Qué más da mientras existan.

1 comentario:

  1. Nunca hubiera sido posible.
    Por eso, nos encantan los milagros ;)

    ResponderEliminar